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Monseñor Horacio Valenzuela

Obispo de Talca entrega un Mensaje de Navidad con énfasis en la integración

“La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad, es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia”(Papa Francisco).

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 25 de Diciembre 2017

TALCA.- En esta Navidad, el obispo de Talca; Horacio Valenzuela, brindó una vez más su mensaje plasmado de esperanza por la visita al país del Papa Francisco y, también, por la integración social de los hermanos inmigrantes.
1. “Hoy es Navidad. Hoy es la fiesta de la alegría y de la paz. Hoy celebramos mucho más que la nostalgia de un recuerdo lejano. El misterio de la noche de Belén es siempre actual, como toda la vida de Jesús, sucede aquí y ahora mismo si le abrimos el corazón.

PAPA FRANCISCO
2. Celebramos esta Navidad con una especial alegría por la próxima visita del Papa Francisco a nuestra patria. Será una visita de Dios, que nos viene a fortalecer en la fe y a enseñarnos a cultivar la Paz que nos regala el Señor en Belén. Como mensajero de la Paz de Cristo, el Papa vendrá a Chile y dejará resonando en el corazón de todos los chilenos la Palabra de Jesús, “Mi paz les doy” (Jn 14 27).
3. Hoy, vivimos en la luz de la fe y la oración, la alegría del Nacimiento de nuestro Salvador. Hoy, es la alegría infinita de saber que Dios se ha despojado de su grandeza divina y se ha hecho niño, para crecer como nosotros. Esto es lo más importante que le ha sucedido a la humanidad y es la prueba más grande del amor que Dios nos tiene.
4. Jesús quiere nacer, crecer y vivir en nosotros y entre nosotros. No nos ayudan sólo las emociones fugaces, o los hermosos pensamientos que se prenden y se apagan como las luces de nuestros árboles de Navidad.
5. Necesitamos que Jesucristo, por medio de su Espíritu, nos convierta el corazón para que nuestras obras le hagan bien a todos. Ya sabemos que los esfuerzos por construir una sociedad mejor son vanos sin su presencia (Salmo 127).
6. Necesitamos que él venga, que nos perdone, que nos sane, que anime y acompañe nuestros esfuerzos. Necesitamos que inspire nuestras leyes y programas, que nos enseñe a respetar a cada persona y a la creación que es nuestra casa. Sólo el Señor nos hace ganar sin que nadie tenga que perder.

ABRIR EL CORAZÓN
7. La Navidad nos invita a abrir hoy el corazón y nuestra sociedad, para que entre el Salvador a darle a todo verdadero valor y significado. Todo lo que existe ha sido creado por Él y para Él (Col 1, 17). Todos necesitamos a Dios para recobrar el sentido de los demás y de las cosas; ningún dolor o aflicción nos puede resultar indiferente.
8. En este mismo día, en incontables calles y caminos del mundo, se repite el caminar angustioso de la Madre de Dios embarazada, golpeando puertas y suplicando por un lugar donde dar a luz a su Hijo. Hoy, en cada persona enferma o en la cárcel, en cada niño por nacer, en cada anciano solo, en cada migrante, en cada pobre, pasa por nuestra puerta el Señor buscando un lugar.
9. Navidad, es abrirle al Salvador para que se quede a vivir en nuestro corazón como en su propia casa. Para que nos ayude a adelantar la vida eterna, edificando una sociedad más acogedora, más feliz, más justa y más pacífica.

TODOS SOMOS IMPORTANTES
10. Como lo cantan los ángeles en la Nochebuena, el fundamento de esa sociedad en paz es la gloria de Dios, es el amor de Cristo, es la alegría de saber que todos somos hijos, tan amados y tan importantes…pastores y reyes…todos somos importantes.
11. La mejor manera de agradecer a Dios por este regalo de la Navidad, es que tratemos de actuar como Él. Que tratemos de dar sin esperar recibir, de actuar sin intenciones torcidas, de superar los prejuicios y confiar, de ver siempre lo mejor de los demás y de entregarnos sin calcular demasiado. Tratemos de amar primero y de no guardar nunca un rencor…Dios ha venido en la Navidad para divinizarnos y hacer posible que vivamos y amemos como Él.
12. Contemplemos en María la actitud que nos pide hoy el Señor. En ella vemos la actitud creyente y servidora de la humanidad renovada por Cristo. Ella atiende, soluciona y hace suyas todas las necesidades del Niño recién nacido. En la fragilidad de ese Niño estaba la humanidad entera, necesitada de cuidado y ternura. Cristo al nacer necesitó todo, hospedaje, alimento y calor, vestido y medicina. María y José, con su fe y muy pocas cosas, lograron que el Niño tuviera todo lo necesario…A esto nos invita hoy el Señor”.

Karin Lillo

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