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Tras el terremoto fue adoptado por Ana Villar, una técnica paramédico que lo conoció en el Hospital de Talca

Rodriguito dejó su huella de amor en la familia que lo acogió

El joven, de 16 años, padecía una enfermedad degenerativa que lo mantenía postrado. Este domingo falleció en su casa a causa de una complicación cardiorrespiratoria.

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 06 de Junio 2017

TALCA.- Su historia ha cautivado el corazón de muchos talquinos. La sonrisa permanente en su rostro, su ánimo y alegría atrapó a médicos, enfermeras, obreros y técnicos paramédicos del Hospital de Talca, desde su llegada hace 15 años. El hospital sería por años su casa, luego de ser abandonado por su familia biológica, al padecer la enfermedad Werdnig Hoffman -atrofia muscular espinal-.

Tras el terremoto de 2010, Rodrigo Sepúlveda (16), fue adoptado por Ana Villar, paramédico del hospital quien, junto a su familia, le brindó el calor de un nuevo hogar. Una calidez que este lunes cobijó el último adiós a este niño, tras su muerte, el pasado domingo.

Ayer, junto al féretro, Ana y sus hijas Daniela y Catalina, se fortalecían una con otra. “No pensábamos que iba a ser tan pronto que Diosito se lo iba a llevar. Yo estaba en Santiago, venía viajando de regreso a Talca. Me llaman y me dan la noticia que está en paro cardiorrespiratorio. Fue el viaje más eterno de mi vida, tres horas que se hicieron mil horas. Yo lo único que quería era llegar y estar con él antes que partiera definitivamente. No alcancé, pero igual me lo comí a besos cuando llegué”, contó Villar.

Describir el valor de Rodriguito para su familia, le dibuja una sonrisa a Ana. “Él era un niño muy generoso. Al que se acercaba le brindaba un abrazo, un beso. Me decía mamá carita feliz, no estés triste. Siempre pendiente de todos”, señala.

Dada esta partida, Ana tomó una decisión, avisar a su madre biológica del deceso. “Todavía no logramos comunicarnos con la señora. Pero para mí es importante que ella lo sepa. Si viene o no ya no depende de mí. Pero sí quiero que ella sepa”, dijo.

 

SU FAMILIA

Para la familia Villar, Rodrigo era uno de ellos. Sus sobrinas, primos y otros niños de la familia jugaban con él, le prestaban sus juguetes y él le prestaba los suyos. Así lo recuerda Carola Sepúlveda, hermana de Ana.

“Yo toda la vida le dije a mi hermana que iba a tener tres hijos y aunque después de la segunda ya no pudo tener más, al final sí tuvo tres con Rodriguito. Para nosotros él fue la luz. Desde el hospital para nosotros era familia y cuando lo llevaron a la casa ya era la felicidad más grande para todos”, dijo Carola.

Ir de vacaciones en familia, son algunos de los recuerdos que a Víctor Fuentes, padre de las hermanas Villar, más le satisfacen de los momentos vividos con Rodriguito, a quien también consideraba su hijo.

“Me acuerdo un día fuimos a la playa y decía: ¡Tanta agua, me quiero bañar! Hasta que tuvimos que meterlo al agua y ahí quedo contento”, recordó.

Tras admirar la entrega de Ana y sus hijas por el cuidado de Rodriguito, Víctor agradeció, también, a todos los amigos que estuvieron atentos del bienestar del menor. “La expectativa de vida de estos niños es hasta los seis años y él cumplió 16. Es el reflejo de un buen cuidado y el cariño. Yo comentaba algo con la gente que nos decía ustedes son una gran familia para él. Pero es que nosotros no somos tan solamente la familia, todos ustedes son parte de la familia de él, porque él los quería a todos. De repente, había alguien que ‘desaparecía dos años y volvía y él se acordaba de los nombres, tenía muy buena memoria”, aseguró

Los recuerdos de felicidad de Rodriguito, instan a Víctor a dar un mensaje a las familias con niños especiales o con diversidad. “Los niños especiales no cuestan, ellos saben todo. Ellos entregan todo y son muy felices. El hecho de que uno converse un ratito con ellos los hace muy feliz, él se contentaba con la compañía de la gente”, aseveró.

 

RECUERDOS DEL HOSPITAL

Sus días en el hospital, fueron recordados por María Quiroz, una paramédico, colega de Ana. “Lo conocí cuando él recién llegó al hospital, estaba chiquito. Tenía varias complicaciones de salud, le costaba respirar. Después se conectó a una máquina”, comentó Quiroz.

Navidades, cumpleaños y Día del Niño fueron vividos por años en el hospital, donde mantuvo otra familia. “A él lo visitaba mucha gente. A todos nos quería, nos sabía los nombres y los nombres de nuestra familia. Cada vez que íbamos a visitarlo nos preguntaba cómo está tu mamá, cómo está Jaqueline (mi hija). Y a otras colegas igual, no se le olvidaban los nombres”, dijo.

Wendy Lucena

 

Funeral

Hoy a las 15.00 horas, el obispo de Talca, Horacio Valenzuela, celebrará una misa por Rodrigo en la iglesia Fátima, en 1 Oriente con 12 Sur. De allí partirá la carroza fúnebre hasta el Parque Las Rosas.

 

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