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Habla Javier Ramírez, abogado y ex seremi de Justicia

“Si no hay presión de la ciudadanía Talca podría transformarse en una ciudad con cinco cárceles”

Con la experiencia de haber ejercido en el aparato estatal, Ramírez advirtió que el actual proyecto de nueva cárcel para la capital regional se constituirá en un símil de lo que ocurre en Colina, en la Región Metropolitana. Añadió que Gendarmería no abandonará el actual recinto de la Alameda

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 15 de Enero 2017

TALCA.- Le tocó duro al abogado, Javier Ramírez, cuando se desempeñó como seremi de Justicia durante el gobierno del ex presidente, Sebastián Piñera. No solo tuvo que tomar decisiones estratégicas tras el terremoto del 27/F, sino también le correspondió llevar adelante el diseño de un proyecto de nueva cárcel para Talca.

Dicha iniciativa, según recuerda, estaba pensada como un recinto penal modelo a nivel país, ya que incorporaba el concepto de que los reos tienen que capacitarse y trabajar para el proceso de reinserción social. Y ello se lograba con un tipo de unidad penal que incorporaba faenas laborales y abandonaba los altos muros.

Pero todo cambió al llegar la nueva administración, porque tal como lo reconoció recientemente el subsecretario de Justicia, Nicolás Mena, el proyecto que se licitará en los próximos meses será de una cárcel tradicional. Javier Ramírez advierte que ello acarreará graves problemas para una ciudad como Talca.

 

El Gobierno reconoció que el proyecto que se licitará es de una cárcel tradicional, abandonando definitivamente el modelo propuesto por la anterior administración. ¿Qué ventajas tenía su propuesta?

“Lo que nosotros planteamos fue una cárcel de trabajo. Eran dos unidades penales, en Copiapó y Talca, que estaban pensadas bajo esa perspectiva y que serían las primeras a nivel país. Allí todos los internos estarían trabajando durante ocho horas, sometidos a las reglas del Código del Trabajo y ganando una remuneración.

Por regla general, estamos hablando de internos de baja peligrosidad y con condenas breves. La ventaja era que, por ser un sistema donde no existen condenados de largos periodos, no generaba la instalación de poblaciones en los alrededores de las unidades penales tradicionales, donde se instalan los familiares de los reos.

Dejamos licitados estos proyectos que ponían acento en la reinserción social. Cuando hablamos de personas que estarán trabajando todo el día y saldrán con un ahorro mínimo, entonces estamos aportando a ese proceso. Pero el actual Gobierno tiró a la basura la licitación y retomó una antiguo proyecto de cárcel de alta seguridad”.

 

¿En qué se traduce una cárcel que albergará a miles de internos de alto compromiso delictual?

“Lo quiero decir claramente: son universidades del delito. Estamos hablando de que habrá cero rehabilitación y cero reinserción social. Y además, de la peligrosidad que significa el entorno que traen estos proyectos. No estamos hablando nada nuevo, porque esto ocurrió en la comuna de Colina, en la Región Metropolitana”.

 

¿Y era posible un proyecto de cárcel de trabajo? ¿Existía interés -por ejemplo- de los empresarios?

“Una de las críticas del actual Gobierno contra ese proyecto es que lo identificaron como un ‘elefante blanco\' y que tenía un mayor costo. Pero es al contrario, porque como son reos de baja peligrosidad, no se requiere una infraestructura de gran envergadura para el resguardo. Además era un sistema de encierro más benigno, con un sistema constructivo mucho más barato para el Estado.

Y respecto a los empresarios, estamos hablando que el proyecto contemplaba la construcción de galpones, con conexión a energía eléctrica y reciclaje de residuos. Es decir, cualquier pequeño empresario podía instalar allí sus máquinas. Con ello se ahorraba costos y la probabilidad de éxito era enorme.

Pero lo más relevante es que estos proyectos existen en países como Estados Unidos con excelentes resultados. A la sociedad lo que le interesa es que el delincuente se rehabilite y que no vuelva a delinquir, y nuestro proyecto apuntaba a ello. Pero el actual Gobierno está anunciando una verdadera universidad del delito”.

 

¿Y qué pasará con la ciudad de Talca, pensando en lo que ocurrirá con el actual penal ubicado en la Alameda?

“Eso es lo más grave, que con un modelo de cárcel tradicional en Panguilemo, Talca va a tener cinco unidades penales dentro del radio urbano de la ciudad. No hay ninguna otra comuna de Chile donde ocurra lo mismo. Vamos a tener dos recintos carcelarios con reos de alta peligrosidad, en Panguilemo y en la Alameda de Talca, que llegarán a tres mil internos o incluso más. Esto es, tres o cuatro mil familias asociadas que van a querer vivir cerca.

Y se agregan la cárcel de mujeres, que se trasladará a San Miguel, más el nuevo centro de justicia juvenil que se construye en Huilquilemu, y el centro de educación y trabajo que está en el mismo sector, todo ello dependiente de Gendarmería.

Cuando partió el proyecto de nueva cárcel para Talca, se prometió que se sacaba la actual unidad penal del centro de la ciudad. Pero Gendarmería es reacia a ello y, por lo que sabemos, el actual Gobierno no tiene ninguna intención de sacar dicho recinto penitenciario de su actual ubicación, aunque tenga un edificio nuevo en Panguilemo”.

 

¿Qué rol tiene en ello la opinión pública, pensando en lo que ocurrió en otras ciudades del país?

“Por este motivo, yo quiero convocar al actual alcalde de Talca para preocuparse del tema. Primero, para liderar un movimiento social –ahora que estamos a tiempo- y que se establezca claramente que la cárcel que está en el centro de la ciudad se va a trasladar a las nuevas instalaciones, donde les va a sobrar espacio.

Quiero recordar lo que ocurrió en Copiapó. Allí hubo un importante movimiento social y el anterior Gobierno aceptó sacar la cárcel de la zona céntrica. Si bien ellos tienen una cárcel tradicional, porque el actual Gobierno cambió el proyecto, por lo menos, lograron recuperar un importante terreno para fines sociales.

Pero también quiero advertir al alcalde de Talca que habrá efectos directos con la creación de una cárcel tradicional, a nivel de las medidas de mitigación y urbanismo. A ello se suma el impacto que tendrá sobre la ciudadanía, porque nos vamos a transformar en una ciudad carcelaria, con un serio peligro de que aumente la delincuencia”.

 

¿Cuál es el peligro concreto?

“El riesgo que yo veo, con mi experiencia y pensando en lo que ha pasado en otras comunas del país, es que tengamos una nueva Colina en el radio urbano de Talca. Y justamente lo que evitaban las cárceles de trabajo era esos efectos.

Y yo tengo especial interés en decir a las personas que viven en Panguilemo que nosotros no los engañamos, porque nuestro proyecto no tenía impactos negativos. Pero no va a ocurrir lo mismo con un proyecto de cárcel tradicional. Nosotros cumplimos porque dejamos adjudicado el diseño, pero el actual Gobierno desechó ese diseño que costó millones y retomó un proyecto antiguo. 

El diseño nuestro no fue una simple ‘volada\', porque lo que se pidió fue un diagnóstico a una empresa internacional sobre la realidad penitenciaria chilena, y los resultados fueron que las cárceles generaban más delincuencia. Por ello, se buscó una propuesta distinta con efectos positivos en la reinserción y la rehabilitación”.

 

¿El ex Intendente del Maule, Rodrigo Galilea, era receptivo para la idea de sacar la cárcel de la Alameda y darle un destino distinto a ese terreno?

“La propuesta era sacar la cárcel desde el centro de Talca y llevarse toda esa población penal a Panguilemo. Luego se buscaba construir en ese terreno en un centro cívico, donde se pudieran concentrar todos los servicios públicos que quedaron dispersos después del terremoto, arrendando casas en distintos puntos de la ciudad.

Queríamos tener un centro civil para reunir a todos los servicios del Estado. Pero ello se vio dificultado por la oposición de Gendarmería. Entonces, la propuesta que el ex intendente Galilea hizo al Ministerio de Justicia fue que Gendarmería entregara el terreno de la Alameda y, con  fondos regionales, se financiaba un diseño de una cárcel anexa al proyecto de cárcel de trabajo en Panguilemo, de menor tamaño, pero de tipo tradicional, para reos de alta peligrosidad.

Pero ello contemplaba habitabilidad para el personal de Gendarmería y una serie de medidas para impedir que se instalaran poblaciones en los alrededores. Siempre la intención del ex intendente Galilea fue respaldar la idea de que la cárcel se fuera del centro de Talca, porque es un anhelo de toda la ciudad. Su actual ubicación es altamente estratégica, porque se pueden concentrar los servicios públicos, mejorando la atención y el servicio al público.

Además estaría cercano a la Corte de Apelaciones, a los otros tribunales, a la fiscalía y a la Prefectura de Carabineros, generando un verdadero barrio cívico que, sin duda, haría más eficiente la labor del Estado. Estamos hablando de una medida que podría generar un gran desarrollo para Talca, versus transformar esta ciudad en una comuna con cinco cárceles en su radio urbano”.

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