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Rodrigo Ramírez, subsecretario de Telecomunicaciones:

“Tenemos la oportunidad de hacer mejor las cosas y repensar la relación entre la urbe y la ruralidad”

A juicio del titular de la Subtel, los recientes incendios forestales registrados en la zona centro-sur del país revelaron condiciones de desigualdad digital en la ruralidad de las regiones afectadas por la emergencia.

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 12 de Febrero 2017

TALCA.- Los incendios forestales registrados en la zona centro-sur del país han golpeado con crudeza a miles de chilenas y chilenos. La emergencia significó la dolorosa pérdida de 11 vidas humanas y millonarios daños en infraestructura a todo nivel. Sin embargo, en materia de telecomunicaciones los siniestros no tuvieron un impacto mayor y las autoridades pudieron garantizar la conectividad y, con ello, que la gente estuviera comunicada.

A la hora de la evaluación respecto de cómo operó la infraestructura de telecomunicaciones, el subsecretario de Telecomunicaciones, Rodrigo Ramírez, advierte que se trató de un daño más bien marginal, pese a la magnitud de la emergencia. En ese sentido, advierte que la Subtel aplicó procedimientos oportunos y adecuados que permitieron dar continuidad a las comunicaciones, incluso, en aquellas localidades donde el acceso a la conectividad digital era casi nulo antes de los siniestros.

 

¿Por qué era importante asegurar la conectividad?

Una vez que se declaró la emergencia, la acción del Gobierno, a través de la Subtel, fue implementar medidas inmediatas para salvaguardar la infraestructura de telecomunicaciones en riesgo. Era urgente asegurar su continuidad operacional, en el entendido de que es fundamental mantener comunicada a la gente y a las instituciones que trabajan en la atención de la emergencia. Entendemos que eso también es clave a la hora de combatir el fuego, aun cuando la envergadura de la catástrofe fue gigante y que la red no es inmune a ser dañada. En Penco, por ejemplo, las llamas terminaron por hacer ceder una torre de telefonía. Pero eso no significó un colapso y se recuperó rápidamente la conectividad. Eso da cuenta de que la institucionalidad de las telecomunicaciones actuó en la dirección y con las medidas adecuadas.

 

¿En qué consistieron

esas medidas?

Partiendo de la premisa de que debíamos asegurar que la gente pudiera comunicarse, saber del otro, contactarse con familiares, se activaron protocolos para proteger la infraestructura de telecomunicaciones en las zonas golpeadas por la catástrofe, en especial las más aisladas y remotas. Incluso, aquellas que jamás antes contaron con acceso a conectividad digital. Allí fue clave el rol que jugaron las operadoras de los servicios. Porque parte del plan de contingencia que diseñó el Gobierno fue convocar inmediatamente a la industria a colaborar en un tema país y estas respondieron en forma efectiva para recuperar la operatividad de la infraestructura y ponerla donde no existía.

 

¿En qué se tradujo

esa efectividad?

En que las empresas operadoras, sin distinción, se desplegaron a la zona, no solo para reparar aquellos sitios que el fuego alcanzó o la fibra óptica fracturada, como fue el caso del tramo entre San Javier y Constitución, sino que además implementaron la infraestructura que se requería en medio de la emergencia para dar conectividad a la gente, para que los que perdieron todo pudieran comunicarse. Antenas móviles, nodos para señal Wifi, donación de equipos, tarjetas de prepago. En simple, acataron la convocatoria del Gobierno a colaborar. Eso, plantea ahora el desafío de seguir trabajando con los actores de la industria de las telecomunicaciones para corregir los problemas de acceso a la conectividad.

 

¿Cuál es ese desafío y qué implica para el futuro?

El Maule posee la peor conectividad digital de todo el país. Por la región no pasaron los grandes nodos y eso da cuenta de una deuda, particularmente con los sectores rurales, no solo los amagados por los siniestros forestales. Los incendios se declararon en la ruralidad de la zona centro-sur del país y allí había problemas de acceso previos. En materia de conectividad muchos pueblos estaban dejados en el olvido. Un olvido que tiene que ver con que la gente del campo no resulta un atractivo para el negocio de la industria. Esa es una de las lecciones importantes que hemos recogido: la profunda desigualdad digital que aún padecemos como país, en el contrapunto ciudad-ruralidad.

 

¿Y cómo se expresa

esa desigualdad de la

que usted habla?

Esa desigualdad es una realidad en el campo que ha quedado al desnudo entre las cenizas que dejaron los incendios forestales o, mejor dicho, incendios rurales. En las localidades afectadas, si bien la infraestructura está y hay antenas en los cerros, y la fibra óptica llega hasta Constitución, como es el caso de la Región del Maule, la oferta de acceso a la red digital parece discriminatoria, pues el foco está en privilegiar la ciudad, lo urbano. Entonces, el habitante de Los Aromos, de Carrizalillo, de González Bastías, literalmente debe subir a la punta del cerro para conseguir fidelidad en la comunicación. ¿Nos hemos preguntado cuánto tarda un estudiante universitario que vive en Nirivilo en enviar por correo electrónico un trabajo a su profesor? Allí se expresa la inequidad digital.

 

Usted habla de

sacar lecciones…

Lecciones y entender que se trata de una oportunidad, de la ocasión para hacer mejor las cosas y repensar la relación entre la urbe y la ruralidad en materia de telecomunicaciones. No hay razón alguna para seguir postergando esta deuda. Las telecomunicaciones son vitales en el Chile del siglo XXI y el campo también es parte del Chile que vivimos, y no solo en la hora de las emergencias. Entonces, eso nos convoca a materializar acciones más robustas para equiparar la cancha. Y otro aprendizaje que también debemos traer a colación es la necesidad de corregir la miopía que existe desde las ciudades, donde no tenemos problemas de conectividad y la infraestructura de las telecomunicaciones ha respondido ante varias emergencias importantes. En las ciudades la infraestructura de telecomunicaciones ha logrado resistir, pero en la ruralidad siniestrada de O\'Higgins, Maule y Biobío, es otra la realidad. Entonces, eso te advierte de lo brutal que es la inequidad digital y te dice que allí, en el campo, están las chilenas y chilenos que reclaman esa igualdad de acceso a la conectividad digital que les ha sido esquiva.

 

¿Existen herramientas para avanzar en ese ámbito?

Sin duda como Gobierno hemos avanzado en materia de contraprestaciones para la banda de 700 MHz. Esa es una iniciativa que hoy presenta un 70% de avance y forma parte de un plan estratégico con el que se busca llevar conectividad de calidad a las zonas más aisladas del país. Es una herramienta útil en esa dirección. Las contraprestaciones permiten exigir a la industria que, a cambio de su despliegue de red, debe garantizar conectividad, y buena conectividad, en las zonas aisladas, tal cual las que más sufrieron los embates de los últimos incendios en O\'Higgins, Maule y Biobío.

La propia tragedia reforzó la urgencia de implementar el roaming automático interempresa, una iniciativa fruto de una moción parlamentaria del senador Guido Girardi que está actualmente siendo analizada en el Congreso. Estamos avanzando en eso, pues se trata de algo que técnicamente ya está resuelto. Las empresas hoy ya trabajan con roaming, entonces ahora resta fortalecer la normativa en lo que refiere a situaciones de emergencia. Eso haría aún más fácil la manera de enfrentar situaciones como las vividas.

Son herramientas de las que podemos hacernos en el mediano plazo. Por lo pronto, estamos encima del proceso de reconstrucción. No abandonaremos a la gente que sufrió los trágicos efectos de los incendios. Y eso significa continuar fortaleciendo el acceso a la conectividad digital que permite la instalación de infraestructura a la que obligó la emergencia y asegurarnos de que la gente no deje de estar comunicada, pues eso, es también un estímulo cuando la gente de Santa Olga escribe en una bandera: “¡Saldremos adelante!”.

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