Viernes, 21 de Septiembre de 2018
Indicadores económicos UF: Dólar: Euro:

Calidad del aire

Cielos Nubosos
Carlos Bravo y Erasmo González hicieron

Un nuevo sueño de montaña se hizo realidad para dos exponentes locales

Su último desafío fue la Torre Santa Elena, ubicada en el Paso Vergara, más precisamente en la Quebrada de Nacimiento, la que tiene una altitud de 3 mil 820 metros, una de las montañas más complejas de los Andes centrales, al tener solamente un ascenso, que fue en diciembre de 2005. Pero siempre hay una segunda vez y eso la cumplieron estos aventureros

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 27 de Febrero 2018

En los deportes extremos, los exponentes están constantemente poniendo en riesgo sus vidas. Y dentro de esas disciplinas está el montañismo, donde deben escalar complejas superficies para llegar al objetivo final, que es la cima.
Muchas veces fallan en el intento, mientras que otros por algún motivo dejan de practicar el andinismo debido a alguna experiencia negativa adquirida.
En Talca y el Maule el interés por explorar nuevos lugares va en aumento, pues desde hace unos años el número de amantes por estas especialidades era menor, era reducido el mundo del montañismo.
Los deportistas van variando su ruta, cada vez que van consiguiendo las metas trazadas, siempre aumentando la exigencia. Es lo que realiza habitualmente el talquino Carlos Bravo Amaya, quien desde hace algunas temporadas escala junto a su amigo Erasmo González Munita.

 

ÚLTIMO
Su último desafío fue durante este mes, en la Torre Santa Elena, ubicada en el Paso Vergara, más precisamente en la Quebrada de Nacimiento, la que tiene una altitud de 3 mil 820 metros, una de las montañas más complejas de los Andes centrales, al tener solamente un ascenso, que fue en diciembre de 2005.


Pero siempre hay una segunda vez y eso la cumplieron estos dos exponentes aventureros que nuevamente finalizaron con su travesía.
“Fue una montaña que nos exigió lo mejor de cada uno para poder resolver las dificultades que nos presentó, por la mala calidad de la roca, los desprendimientos constantes, la poca seguridad, la difícil navegación y eso te lo entrega el hecho de haber estado en condiciones similares en otras ocasiones. Muchas veces el instinto se lleva a conseguir la cima”, señaló Carlos Bravo Amaya.
Para llegar a destino debieron pasar por Romeral, sector de Los Queñes, en la montaña del Maule Norte hasta la Aduana chilena, donde partió la odisea.
Fueron dos días caminando hasta la base de la montaña con bastante peso y con exigentes cruces de río. Al tercer día, a las 5.00 horas le dieron el vamos a la travesía que la tenían planificada desde el año pasado, lo único que estaba en duda era la duración del ascenso y descenso a esta complicada cumbre, que, en 2014, los mismos personajes buscaron cumplir con el objetivo, pero sin mayor éxito.
El que la sigue la consigue, teniendo en cuenta que cuatro años más tarde cumplieron con ese anhelo estos dos exponentes, que desde hace rato están ligados a este tipo de experiencias.

 

CIMA
En 13 horas y 30 minutos consiguieron la cima a la Torre Santa Elena, luego de una tensa escalada. Respecto a lo que fue esa ruta, el talquino, señaló: “En la mitad del recorrido me cayó una piedra de una magnitud importante que golpeó casco, cuello y hombro, que casi nos significa desistir del intento, ya que fue un impacto potente, pero tras algunos minutos seguimos rumbo fijo a la meta, quedando un tramo no menor”.
Al final cumplieron el sueño y llegaron a la cúspide al ascender una zona con solamente rocas y de mala calidad, con tramos verticales, con algunas terrazas donde podían descansar y, lo que les favoreció fue que no había viento, por lo que la comunicación entre los escaladores fue más fluida.
Tanto Carlos como Erasmo fueron abriendo la ruta simultáneamente para cumplir con su estrategia. Utilizaron clavos de roca, los que se martillan, para colocarlos en pequeñas fisuras, que los sirvió para evitar una caída mortal, al subir con cuerda. Además, de ocupar distintas medidas de seguridad.
“Fue una gran experiencia, ya que este tipo de montañas son muy peligrosas por la mala calidad de la roca, su ruta es muy difícil de encontrar y, sobre todo, el descenso es muy difícil de realizar, porque son rapeles con rocas sueltas por todos lados. El nivel de compromiso con el compañero es alto, un error y todo se complica, por lo tanto, es importante estar afiatado con la cordada, conocerse y confiar, para trabajar en equipo de buena forma y con optimismo”, expresó Erasmo González Munita. 
Luego de hacer la cumbre, comenzaron el descenso, que es igual o más complejo que ascender una montaña de estas características, porque los puntos de anclaje son pocos y precarios, al existir pocos lugares para hacer rapel (descenso con cuerdas). Ese recorrido de vuelta, lo hicieron en 11 horas y 30 minutos, sin agua y sin comida. Sin embargo, llegaron a tierra sanos y salvos, aunque con la convicción de seguir escalando y superando nuevas experiencias.
El proyecto venidero que tienen en mente será en julio, pues en esa fecha intentarán ascender la montaña Yerupajá, que está situada en la cordillera de Huayhuash en el centro de Perú.
“En el futuro las aspiraciones son volver también a la Cordillera Blanca de Perú, para intentar alguna montaña de una dificultad extrema y, por supuesto, pensar en volver al mítico Cerro Campanario en la región del Maule”, cerró Erasmo.

 

ACCIDENTE
Para Carlos Bravo, atleta auspiciado por AndesGear y Outdoor Research, este objetivo cumplido lo conquistó tras estar alejado de las pistas por dos años, ya que en julio de 2015 sufrió un lamentable accidente en el cerro Peine, en Altos de Lircay, practicando esquí fuera de pista.
Al pasar por una placa de hielo, perdió el control y cayó 300 metros, chocando con rocas y con todo lo que se le cruzó. Fueron momentos complicados los que pasó al tener politraumatismo y una fractura expuesta de tibia y peroné de la pierna izquierda, quedando inmovilizado y con un riguroso tratamiento de recuperación.
Ese accidente le dejó muchas enseñanzas, aunque nunca de dejar los deportes extremos. Para muestra, un botón, porque este 2018 subió la Torre Santa Elena. “Debo prepararme aún más en lo que practico. Como es lo que te apasiona, igual sigues haciendo esto al ser feliz con esta forma de vida”, puntualizó el maulino.

Félix Ruiz