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Entrevista al ministro de la Corte Suprema, Lamberto Cisternas

“Cuando se trata de un cultivo que es personal o terapéutico, hemos dicho que no estamos en presencia de un delito”

Magistrado visitó Talca a mediados de la semana pasada, para participar en la cuarta jornada de integración entre la comunidad y el sector Justicia, donde el tema fue la “correcta interpretación” de la Ley 20.000

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 03 de Diciembre 2017

TALCA.- Fue el jueves de la semana pasada cuando el ministro de la Corte Suprema, Lamberto Cisternas, visitó la ciudad de Talca para participar en la cuarta jornada de integración entre ciudadanía y la Justicia, cuyo tema fue la “Correcta interpretación de la Ley 20.000 y fallos absolutorios de la sala penal por cultivo personal de cannabis”.
La actividad se realizó en la Corte de Apelaciones de Talca, con la presencia del presidente de dicho tribunal, ministro Moisés Muñoz, y del defensor regional, José Luis Craig, quienes analizaron el tema desde el punto de vista jurídico. Entre los expositores estuvo también el doctor Milton Flores, director del Instituto Triagama, entidad que también organizó el seminario; la doctora, Zunilda Gambetta, ex presidente regional del Colegio Médico; y Gabriela Torres, psicóloga del Instituto Triagrama.
Ocurre que el ministro, Lamberto Cisternas, ha sido voto de minoría o a veces de mayoría, justamente, en recientes sentencias de la sala penal de la Corte Suprema que han terminado absolviendo a imputados por cultivo o tráfico de drogas en pequeñas cantidades, específicamente, de cannabis sativa. De estos temas el alto magistrado conversó con Diario El Centro.
“Yo he sido invitado a exponer lo que la Corte Suprema ha hecho en este tema hasta el momento. Y en síntesis, significa separar la ‘maleza del trigo\', esto es, dejemos como delito aquello que es estrictamente delito y lo que no lo es, que lo saquemos para afuera. Y entre lo que no lo es, se cuenta el tráfico en pequeñas cantidades”, afirmó.

 

¿Qué significa tráfico en pequeñas cantidades?
“El lenguaje normal entiende que son uno o dos gramos. Y a veces llegan a la Corte Suprema recursos de nulidad porque el tráfico ha sido de 0.66 gramos, es decir, la nada misma. Con el agregado que tiene y el papel hace un gramo neto.
Eso que es un tráfico de pequeñas cantidades exige -de acuerdo a la mayoría de la sala penal, porque no es una cosa absolutamente unánime- que haya un examen de pureza. Y ese examen generalmente no viene, porque se dice que ténicamente no es posible hacerlo.
Pero nosotros sostenemos que tratándose de cualquier droga tiene que haber ese peritaje, porque es la única manera de saber que atenta contra la salud pública; y esa es la idea de la ley, es decir, perseguir a quienes atenten contra la salud pública a través del tráfico.
En la cocaína esto es muy claro. En otras drogas también. Es en la marihuana donde se presenta el problema que, a veces, parece que no hay técnicamente la posibilidad de hacer el examen de pureza”.

 

¿Y qué ocurre en cuanto al cultivo individual y personal de cannabis?
“Cuando se trata de un cultivo que es absolutamente personal o destinados a una cuestión terapéutica, entonces nosotros hemos dicho que no estamos en presencia de un delito y, precisamente, la idea es que no estamos en presencia de trafico-tráfico, que es lo importante.
Ahora ahí hay algunos matices, porque de pronto, en la sala penal ha pasado como tráfico de pequeñas cantidades más de cien gramos. Yo he sido más restrictivo en ese sentido. Y también soy restrictivo cuando se trata, por ejemplo, del tráfico que se descubre en los establecimientos carcelarios.
Si una persona ingresa a una cárcel portando algo que tiene más o menos 50 o 60 gramos, ya para mí es sospechoso. Desde luego, está la agravante de que ocurre en un establecimiento penitenciario. Pero lo más importante es que ya se nota una premeditación.
Y también soy más restrictivo cuando va a acompañado de otros elementos, como que a la persona le descubran municiones o armas de fuego. Allí no me cabe duda que hay indicios de que estamos en presencia de un tráfico”.

 

...Pero muchas veces las personas que andan con pequeñas cantidades son el eslabón final de toda una cadena de tráfico a mayor escala...
“Es muy posible que sí, pero tratándose de pequeñas cantidades, tenemos -por una parte- la exigencia perentoria de la ley y -por otra- el empleo de elementos o recursos del Estado para una persecución de esta naturaleza.
Entonces, pongamos en perspectiva las cosas, porque se trata de utilizar la policía, fiscalía, defensoría, el Tribunal Oral y, finalmente, la Corte Suprema, cuando estamos hablando de uno, dos o tres gramos, donde no tenemos claro si es tráfico y si perjudica la salud pública. Si tomamos la idea que está en la base de la reforma procesal penal de ser lo más operativo y efectivo posible, esto no tiene sentido”.

 

¿Qué piensa usted de lo que ocurre en Uruguay, donde se puede comprar cannabis en farmacias, aunque con restricciones?
“Allí estamos frente al problema de que hay cuestiones que tienen que ser resueltas con un sentido político, ya sea por la autoridad política o legislativa. Y aquí, la verdad, es que llevamos bastante tiempo tramitando en el Congreso el tema de liberar o no el cultivo o el consumo personal de la marihuana.
Se trata de adoptar una actitud que tome en cuenta todos estos factores. En Uruguay dieron el paso. Han surgido algunos inconvenientes, pero parece que no se puede andar sin tener tropiezos.

 

¿Cómo se interpreta, bajo esa perspectiva, el impulso de los municipios para generar cultivos autorizados y obtener cannabis medicinal?
“Eso es demostración clara que ellos -asilándose en la normativa que permite hacer el cultivo con permiso de la autoridad sanitaria- lo hacen y explotan para producir elementos que son de uso terapéutico, incluso indicado por facultativos.
Eso es una cosa permitida y controlada. Y yo creo que de allí se deben sacar lecciones. Sí, se puede cultivar por una persona que dice que tiene un problema de salud o cualquier cosa parecida, no habría problema en que pudiera tenerlo”.

 

¿Y qué se le puede decir a los padres que temen que sus hijos entren en el consumo de drogas de alta peligrosidad a través de la cannabis en pequeñas cantidades? ¿Eso es posible?
“Yo no sé si será así definitivamente, pero por cierto que los niños y adolescentes, así como las personas de pocos recursos, son muchas veces las víctimas directas de estos traficos. Entonces eso hay que complementarlo con una politíca de tipo educacional y de control ciudadano diferente”.

 

¿Y diseñar esa política a quien corresponde?
“Ciertamente que a la autoridad administrativa”.

 

¿Cómo piensa usted que va a evolucionar ese criterio que ahora se debate en la sala penal de la Corte Suprema?
“Va a continuar discutiéndose. El elenco estable de la sala -digamos- está cuatro a uno. Pero hay momentos en que las sentencias han salido en sentido inverso, cuando -por ejemplo- durante el verano se configuran las salas de la Corte Suprema de otra manera. Pero no nos podemos extrañar, porque en un tribunal colegiado normalmente suele suceder así”.
¿Cómo interpretar lo que practica el grupo Triagrama que convocó al seminario -junto al Poder Judicial- y donde a usted le correspondió exponer el trabajo que ha realizado la Corte Suprema?
“En el caso del grupo Triagrama, ellos realizan un cultivo grupal, para una terapia que desarrollan también en forma grupal.
Entonces, la Corte Suprema ha entendido que siendo ellos mismos los que plantan y ellos mismos los que consumen, dentro de esta terapia y esta especie de rutina mística o como se quiera llamar, estamos en presencia de un cultivo personal.
No es un cultivo inmediatamente directo, pero a la larga, es un cultivo personal. Esto es, que se siembra dentro del grupo, dentro de la mística y luego para fines terapéuticos”.

 

Hernán Espinoza

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