Lunes, 15 de Octubre de 2018
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Opinión

2018: el año de la impaciencia

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

El año que se inicia será conocido como el de la impaciencia. No sólo en el ámbito local, en que el cambio de gobierno por sí solo generará expectativas, urgencias e incertidumbres, sino también en el plano internacional, donde se observa demasiados asuntos pendientes y de incierta y apremiante resolución.
Aquí en Chile, el asunto más notable, sin duda, será el cambio de administración. No sólo porque se tratará de mucho más que un mero cambio de nombre, sino porque la ciudadanía votó con la esperanza de un golpe de timón que revierta el rumbo de colisión que llevamos. Así, tendremos una ciudadanía que espera cambios precisos, sustanciales y diligentes, combinado con un Gobierno que sentirá la necesidad de responder con el ímpetu, eficiencia y precisión que antes demostró.
Pero el juego no será tan sólo de una ciudadanía demandante y un gobierno interpelado que debe responder. La oposición, minoritaria y por eso mismo más vociferante, se encargará de empujar las expectativas siempre más allá de lo posible, utilizando para ello todo el arsenal que ya le conocimos, promoviendo la insatisfacción y el disgusto que buscan con tanta ansiedad. Esa tensión entre demandas ciudadanas, respuestas viables y oposición pertinaz será el ambiente de impaciencia que veremos en nuestro país durante el año que se inicia.
En el plano internacional, por otra parte, la crispación y la impaciencia serán el resultado de un ambiente lleno de factores de tensión. El probable armamento nuclear coreano del sur, las bravatas y bravuconerías mutuas que el dictador coreano y el Presidente Trump se dedican con fruición serán uno de aquellos factores. De hecho D. Trump en sí mismo es un elemento que intranquiliza por sus decisiones intempestivas, polémicas y profundamente controversiales, como quedó demostrado al reconocer a Jerusalén como capital israelí, generando perturbación y malestar en el Medio Oriente. En Europa, la exacerbación del nacionalismo como respuesta a las oleadas inmigratorias, el separatismo catalán y las complejidades del Brexit no harán más que anhelar, con impaciencia, una resolución adecuada.
Por último, aquí en Latinoamérica también cundirá la impaciencia. En Argentina, donde la Sra. K estará extremadamente nerviosa, por saber si el blindaje parlamentario que consiguió será suficiente para evitar la cárcel que le auguran. Tan nerviosa como muchas altas y conspicuas figuras políticas latinoamericanas, posiblemente implicadas en la red de sobornos, coimas y cohechos montada por la empresa brasileña Odebrecht, que no pueden más de la zozobra cada vez que abren el diario, temiendo ver allí su nombre puesto en el ominoso listado de corruptos. Porque, estamos seguros, aquel listado hasta hoy está incompleto y en los meses próximos seguirá creciendo, sumando nombres de peruanos, ecuatorianos, argentinos, venezolanos y, me temo, algunos chilenos. Mientras al otro lado, los millones de latinoamericanos esperamos, impacientes, la acción de la justicia y la decencia.Así las cosas, en este año que se inicia habrá que desear que las esperanzas se cumplan, que los temores se disipen y que la paciencia no se agote.

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