60 millones no pueden equivocarse

29 Octubre 2018   1494   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Cuando la izquierda gana una elección, de inmediato enaltece la sabiduría del pueblo, celebra la madurez popular que votó acertadamente y eligió con singular valentía y soberana voluntad, la opción correcta. Según ellos.

Pero cuando la izquierda pierde una elección, señala que el pueblo fue engañado, la ciudadanía fue víctima de la propaganda perversa del imperialismo, de los intereses espurios del gran capital y de las oligarquías de siempre.
Me niego a pensar que, cuando es la izquierda la que gana, el pueblo es sabio, y cuando es la derecha la que triunfa, el pueblo es tonto. La democracia no es cosa de sabiduría o de tontera, sino de voluntad soberana.
El anunciado, pero no por ello menos impresionante triunfo de Jair Bolsonaro ayer en Brasil, no ha sido fruto del engaño o la estulticia de los 60 millones de brasileños que votaron por él. Es más, como pocas veces ocurre en Latinoamérica, la ciudadanía votó ayer más consciente y racionalmente que en ocasiones anteriores. Porque esos millones de ciudadanos que eligieron ayer a Bolsonaro deben haberlo pensado mucho antes de marcar su opción. Las frases desubicadas, machistas, racistas y homofóbicas que el candidato expresó en la campaña, y desde mucho antes, no lograron distraer a los ciudadanos de sus verdaderos criterios de elección: la sinceridad sin maquillaje oportunista, la probidad sin zonas oscuras y los valores familiares defendidos sin fintas ni dobleces.
Bolsonaro ganó, pese a sí mismo.
Y es esto último lo que permite afirmar que su triunfo no es una equivocación ni un engaño. Fue un voto consciente, racional y reflexivo. Los millones de hombres, y también los millones de mujeres, que votaron por él, no marcaron esa preferencia embaucados por el marketing político, la desinformación o la posverdad. Lo hicieron sabiendo que, de ninguna manera, iban a permitir la continuidad de un sector comprobadamente corrupto y sinvergüenza, cuyos líderes están hoy presos o procesados por la justicia brasileña.
Así, estimo que el triunfo derechista de ayer en Brasil se debe más a la izquierda que a la derecha. Incluso, se debe más a Lula que a Bolsonaro. Ayer los brasileños votaron por Bolsonaro porque no querían a Lula, ni a su sustituto ni a su Partido. Esos millones de ciudadanos brasileños cambiaron el sentido del eslogan con que, hace algunas semanas, el “progresismo” desfiló oponiéndose a Bolsonaro, escribiendo en sus pancartas “Ele Não”. Pero en las urnas, ayer domingo, el pueblo brasileño también dijo “Él no”, pero mirando a Lula, al PT y al sustituto.
Cuando el pueblo vota por la probidad, la franqueza y la honestidad, no puede estar errado. Por eso, ya elegido el Presidente, sólo queda esperar que, como depositario de la confianza, las ilusiones y esperanzas de millones de brasileños, sepa estar a la altura de ese mandato.