8 de marzo y el llamado a construir una mejor humanidad

08 Marzo   292   Opinión   Cristina Valenzuela Contreras
Columnista Diario El Centro
Cristina Valenzuela Contreras

Docente e investigadora carrera Psicología, Universidad Autónoma de Chile

Una nueva conmemoración del día internacional de las mujeres nos recuerda aquellas condiciones culturales y estructurales en que se cimentan las desigualdades de género. 

Las mujeres nos abrimos paso en un sendero complejo de desigualdades. Las múltiples brechas salariales, de participación política, salud sexual y reproductiva, distribución del trabajo doméstico y de cuidados, costo de salud, acceso a educación, trabajo decente, nos ponen barreras dolorosas de vivir.
Estas brechas no sólo se traducen en mayores desventajas para nuestro género, sino también en un costo para las naciones en términos de mejora de indicadores de desarrollo humano y objetivos de desarrollo sostenible.
Desde un punto de vista histórico, el movimiento de mujeres no sólo amplió una plataforma de derechos sociales y justicias para las mujeres. También hizo visibles la condición de la infancia y los grupos LGTBI que hoy construyen sus propias batallas en la periferia de la discusión de la política pública.
Entre mujeres hemos construido valores de sororidad e interdependencia. Como en la edad media, en las olas del movimiento de mujeres, en situaciones de catástrofe y cuando debemos sostener la vida y la muerte, las mujeres nos enlazamos y nos declaramos lealtades invisibles. En nuestros cuerpos y memorias se resume parte de la trayectoria histórica de la humanidad. La posibilidad dialéctica de trascender el conflicto hegemónico del poder masculino cuyos valores de competencia, progreso y dominación se han traducido en una huella imborrable para el mundo. Ese proyecto humano-existencial de construir nuevas formas de poder, con valores colaborativos, solidarios y empáticos reaparece con una realidad que se encadena a sí misma devolviéndonos que este proyecto está condenado al fracaso cuando el sistema se blinda y no da espacios de reconocimiento y participación igualitaria.
Hoy el reclamo de las mujeres es hacia la toma de conciencia del ensamblaje entre nuestro modelo de desarrollo extractivista y capitalista y la posición que ocupamos en esa estructura. Para crecer al ritmo en que crecemos alguien tiene que cuidar. Y mientras seamos las mujeres las que con nuestro trabajo precarizado y de cuidados sigamos sosteniendo esa estructura, continuaremos en esta posición que históricamente nos ha replegado a los márgenes.
La redistribución del poder entre hombres y mujeres no es un asunto sólo sobre el poder. Es sobre la posibilidad de gestar una mejor humanidad. Es un asunto de supervivencia.