A considerar lo de Argentina

15 Agosto   720   Opinión   Ervin Castillo Arancibia
Columnista Diario El Centro
Ervin Castillo Arancibia

Fundación Talca

 

Fin de semana sorpresivo y a la vez sin contemplaciones en lo que a política internacional se refiere. La fórmula kirchnerista en Argentina, ahora en aparente nuevo formato desde el “Frente de Todos”, y liderado por Alberto Fernández y Cristina “K”, logró apabullar por más de 15 puntos en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), al actual Presidente y candidato a la reelección por el pacto “Juntos por el Cambio”, Mauricio Macri.


Cuando las encuestas daban por ganador a Macri, sin holgura, pero ganador al fin y al cabo, la realidad superó dichos números, dejando seriamente comprometida las aspiraciones de un segundo gobierno de centro derecha en la hermana República. A raíz de esto, y cómo era de esperarse, el mercado reaccionó de la peor manera, con un alza enorme del precio del dólar, generando nuevas convulsiones económicas para la atribulada administración del país trasandino. Inexplicable para muchos, el macizo apoyo del pueblo argentino hacia el peronismo, ese sector kirchnerista, de izquierda, que pese a desfalcar la economía, y a institucionalizar la corrupción como parte del sistema en Argentina, vuelve a contar con el voto y la confianza electoral.


Pero las cosas no suceden porque sí, ni mucho menos se puede caer en la mezquina falta de autocrítica del ex presidente de Boca Juniors. El ala política que más contribuyó al socavamiento institucional, cultural, económico y político de Argentina, está presto a retomar la conducción del Estado a fines de este año, por la incapacidad, la ausencia de convicciones y el miedo a gobernar con ideas propias de una derecha trasandina, electoralmente inexperta e inmadura, que no quiso definir a tiempo para qué y el cómo iba a gobernar. En política, hay que tomar decisiones importantes en momentos complejos, marcar posiciones y diferencias, conversarle al país del camino por el cual se le pretende llevar. Las cosas no funcionan automáticamente, mucho menos en una cultura como la argentina, fuertemente ligada a los agentes estatales, a un estado dispuesto a financiar en gasto público hasta las irresponsabilidades más grandes que se puedan pensar. En Argentina, salvo que ocurra otra hecatombe mayor que esta, la izquierda volverá a sus oficinas por una centro derecha timorata, irresoluta, que se alejó de las preocupaciones de la gente, y empezó a gobernar mirando más bien las redes sociales. La cultura del intentar congraciarse con todos, tiene fecha de término y plazos que tarde o temprano se cumplen.


En Chile, debemos tomar nota de lo sucedido, no para extremar o ideologizar aún más nuestro discurso, sino para entender que el Chile real con sus problemas y complejidades varias, no se juega en un espacio acomodado ni de un sector casuístico estilo boutique. El Chile real lo disputamos en cada población, villa y barrio que requieren hacer frente al flagelo de las drogas duras y la inseguridad, se juega en el empleo y en la lucha por más y mejores oportunidades para los que menos posibilidades han tenido. También se juega, en esa clase media que siente que nunca le toca, que nunca es parte del sentir de sus autoridades.
En nuestro país, no puede volver a ocurrirnos. No podemos volver a reprobar el examen. A proyectar con ideas y principios, un nuevo ciclo político de consolidación del actual mandato.