Abusos en colegios católicos financiados por el Estado

26 Mayo 2018   1055   Opinión   Ricardo Retamal Ortiz
Columnista Diario El Centro
Ricardo Retamal Ortiz

Abogado Magíster de la UC

En cifras de 2012, conforme a estadísticas preparadas por el Hermano Marista Aldo Passalacqua, varias veces presidente de Fide (asociación de directores de colegios católicos), prácticamente medio millón de menores de edad son atendidos por establecimientos confesionales dependientes de la Iglesia Católica y de sus congregaciones, con financiamiento total o parcial de origen estatal.
Sabidos son los casos de abusos sexuales denunciados respecto de sacerdotes y religiosos que se desempeñaron en algunas de estas entidades sostenedoras de colegios. Y de seguro, tras la reacción del Vaticano frente a la infatigable labor de denuncia de los agredidos por el Padre Karadima, serán muchos otros los casos que serán denunciados. Bien es sabido por los psicólogos forenses que los pederastas buscan el ámbito o contexto en que pueden buscar y detectar a sus víctimas.
Los colegios, en este sentido, sirven de ámbito o contexto muy propicio para los pederastas, y con mayor razón para sacerdotes y religiosos que incurren en delitos sexuales contra menores, y que a un mismo tiempo se erigen como líderes espirituales de las comunidades escolares.
Pero esto no es lo único que propicia o favorece la impunidad de los abusos sexuales en los colegios católicos. Y el Estado a través de sus organismos tiene mucha responsabilidad en que esta lacra haya podido desarrollarse durante tanto tiempo en nuestro país.
Veamos un ejemplo, siempre desde la perspectiva de los colegios católicos que reciben financiamiento estatal.
En las nóminas de personal no docentes suelen incluirse como trabajadores de los establecimientos educacionales a religiosos y religiosas que ni siquiera cumplen alguna función concreta dentro de los colegios Estos religiosos a veces interactúan con menores libremente al interior de los inmuebles escolares.
Y suma y sigue. Es como si nuestra precaria institucionalidad potenciara la aparición de estos “Karadimas”… La deuda está en la ausencia de Concordato, que regule las relaciones entre Iglesia y Estado, como ocurre en los países civilizados. No basta con pedir mil veces perdón y misericordia.