Acoso mortal

23 Marzo   489   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

Un conscripto mata a un cabo y un sargento en la Escuela de Caballería de Iquique, ciudad localizada al norte de Chile, y luego se suicida. Alguien diría, nada nuevo bajo el sol, mal que mal, asesinatos y suicidios hay todos los días.
Sin entrar en mayores detalles, la causa de lo ocurrido en Iquique habría sido el acoso permanente, persistente –bullying le llaman ahora- contra el conscripto vía continuas burlas, castigos que terminaron por hastiarlo, por reventarlo.
El joven conscripto, lesionada su dignidad, se habría sentido acorralado, sin salida, y en medio de su desesperación, no encontró otra escapatoria que salir a matar y matarse para poner fin a su calvario.
De acuerdo al Colegio de Psicólogos de Iquique, dado su historial psicológico no debió haber ingresado al Ejército para realizar su servicio militar. A ello se agrega que ya había tenido un intento de suicidio previo. Se desconoce si el Ejército adoptó alguna medida preventiva. En todo caso lo ocurrido revela que no existe capacidad alguna de anticipación para el abordaje de estas situaciones inherentes a toda organización.
Sin embargo, la ausencia de prevención se ve agravada porque no se trata de una organización cualquiera, sino que, de una organización armada, el Ejército, que habilita la posesión de armas a sus integrantes. En consecuencia, las medidas a adoptar en torno a la selección del personal que ingresa deben estar por encima de los estándares que se imponen en otras organizaciones. Tanto respecto del perfil psicológico de quienes pertenecen a sus filas, sean estos conscriptos, suboficiales u oficiales, como de la responsabilidad en el uso de las armas que se les confía.
Guardando las proporciones, este hecho viene a recordarnos la tragedia de Antuco, hace ya casi 15 años en el sur de Chile, donde murieron 45 conscriptos del Ejército de Chile, en medio de una nevada con temperaturas de menos 35 grados celcius y a 1500 metros sobre el nivel del mar. Todos ellos muertos como consecuencia de malas decisiones de sus superiores.
Los hechos vienen a delatar no solo la necesidad de revisar protocolos, sino que la necesidad de humanizar la forma en que se relacionan entre sí los miembros del Ejército, así como reflexionar respecto de su razón de ser. Introducir una dosis de humanidad no solo en el Ejército, sino que en todas las ramas de las FFAA y en el país en general, nos haría mucho bien.