Adiós a los Castro

23 Abril 2018   1144   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Desde mediados de la semana pasada, y tras 58 años y algunos meses, Cuba ya no será más gobernada por un miembro de la familia Castro, al menos directamente. Debe ser extraño para la inmensa mayoría de los cubanos, pronunciar otro apellido después de “Presidente”. Es que son muy pocos los cubanos que recuerdan otra persona gobernándoles, que no fuese Fidel o su hermano Raúl.
Pero, todo pasa. Y hasta la más férrea de las dictaduras, alguna vez acaba. La pretensión de la dictadura perfecta y eterna siempre fracasa.
Fidel, pese al medio siglo que ejerció el poder, finalmente tuvo que dejarlo, vencido por su propia salud. Y Raúl, consciente de lo efímero de toda empresa humana, ha decidido retirarse a tiempo. A tiempo… de intentar dejar todo atado y bien atado, como dijo en su momento Franco, otro anciano gobernante casi eterno.
Es por lo anterior que, al tiempo de abandonar el sillón presidencial y dejarlo en manos de su delfín prefabricado para el cargo, Raúl Castro se las ha arreglado para mantener la porción más grande del poder: la jefatura suprema del Ejército y la Secretaría General del Partido Comunista de Cuba. Con esos cargos por los próximos tres años, Raúl se ha asegurado mantener intacto su poder, sin las incomodidades ni la exposición de la Presidencia, la que será ejercida muy limitadamente por Miguel Díaz-Canel.
Ahora que la familia Castro comienza, de a poco, a retirarse ¿podrían decir que cumplieron su misión? ¿Se podría decir, con honestidad y ponderación que sus 6 décadas de gobierno fueron exitosas? De ninguna manera. Prácticamente todos los parámetros con que quisiéramos evaluar y medir la gestión y resultados de su casi eterna dictadura, testimonian su fracaso.
Porque si la justificación de la revolución que encabezaron fue derrocar a un dictador títere del imperialismo (Batista), Fidel, a poco andar, se convirtió en una versión mejorada y aumentada de lo mismo. Y si Cuba hoy ya no depende del imperialismo soviético, es tan sólo porque aquella potencia desapareció, ahogada por sus propios fracasos. Y hoy, Cuba sólo quiere la apertura comercial, el flujo de turistas y los dólares norteamericanos, igual que los quería hace 60 años.
Así hoy, cuando los Castro han comenzado a vivir los años postreros de su larga dictadura, su país sólo quiere la libertad que estos hermanos les negaron, la democracia que el régimen comunista jamás ha permitido y la vida digna que la revolución prometió y nunca hizo realidad.