Adivinadores desvergonzados

13 Enero   2446   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Los iluminados o las iluminadas, las brujas o augures, tienen gran tribuna en la televisión, los medios radiales y las nuevas tecnologías de la información. En programas o entrevistas, psíquicos pródigos en hablar, pero meros charlatanes, pasan por conocedores de los enigmas del universo y poseedores de “energías” o “luces” para acceder a dimensiones ignoradas de la existencia humana y el destino.
Con mezcla de saber religioso, metafísico y científico, estos vaticinadores se dan a la tarea del embaucamiento. Lo curioso y preocupante, es el impacto producido: son seguidos masivamente, con gran ingenuidad y veneración. Hay personas de formación y destacada posición social, simplemente “maravilladas”, “embrujadas”, y permanecen pendientes a cada indicación de estos falsos profetas de siglo XXI...
Será la estrella tal o cual, o el curso que llevan los astros y planetas, lo que fija la trayectoria fatal de los sucesos. Las constelaciones marcan, por tanto, el puesto asignado en el cosmos. No falta -ante situaciones difíciles-, el consejo de adivinos, cuya concepción de la vida es de etapas, “carmas”, grados, evoluciones, ritmos, etc. Existe en ello una visión degrada de la existencia humana, exigida a “ritos” y “pasos”, para la “protección”. Estos adivinadores desvergonzados demuestran cuán precario es el contemporáneo espíritu del hombre tecnológico, vulnerable a cualquier ficción y sin examen.
Estos falsarios actuales –como en épocas pasadas-, mantienen en vilo a las gentes por el perentorio y supuesto “fin del mundo”. Dígase, en todo caso, que estos “videntes”, sacan buen provecho económico de su status y reconocimiento en todos los estratos sociales.
¿Por qué el afán de saber el futuro? ¿Cómo podemos dar fe a las cartas, a la suerte, a los temores que infunden estos facinerosos?
La vida humana, consiste en no tener nada bajo nuestro control... Vivir es hacerlo en lo incierto. Tal vez, podemos anticipar consecuencias o efectos, por la propia experiencia, pues, dado ciertos hechos, es más que probable que ocurre esto o aquello.
Con todo, lo más importante es ¡dejarse de fábulas!, y acoger la existencia en gratitud. Tomar conciencia que es un don... Que cada tiempo, que mi tiempo y nuestro tiempo es, sencillamente, para vivirlo en la confianza del obsequio recibido.