Admisión Escolar: ¿Quién gana la carrera?

23 Febrero   331   Opinión   María Paz Donoso Turpaud
Columnista Diario El Centro
María Paz Donoso Turpaud

Directora Política Educativa Fundación Caserta

La selección escolar basada en el mérito del estudiante utiliza un supuesto base: el esfuerzo se manifiesta en resultados. Así, estudiantes con un mayor esfuerzo (mejores resultados) debieran ser “premiados” privilegiando su acceso a establecimientos de alta demanda. ¿Es esto válido para el sistema escolar? ¿Es posible comparar el esfuerzo entre niños?
Simulando una situación, supongamos que cinco deportistas se preparan para correr la maratón. Los competidores son: Fernanda Brito (tenista), Alexander Cataldo (tenista paralímpico), Gary Medel (futbolista), Francisco López (motociclista) y Erika Olivera (maratonista), todos ellos deportistas de alta competencia.
Casi con seguridad, Erika Olivera ganaría la carrera y con un tiempo bastante mejor a su más cercano competidor. Dados estos resultados ¿Es posible afirmar que Olivera se esforzó más que el resto de las personas? Creo que habrá cierta coincidencia en que el resultado de la carrera no mide el esfuerzo, pues las condiciones de base eran distintas. Se podría dar el caso, por ejemplo, en el que Gary Medel, con un esfuerzo mayor, obtuviera un peor tiempo.
Entendiendo que la educación no es una carrera, el caso anterior sirve para ejemplificar lo que pasa con las modificaciones propuestas al sistema de admisión. Si se quisiera comparar el nivel de esfuerzo entre dos personas, debieran eliminarse todos los factores contextuales que “contaminan” la medición, tales como nutrición, estructura familiar y calidad del sueño, entre otros, lo cual es virtualmente imposible.
La medición del esfuerzo de una persona es muy distinta a la medición de sus resultados, y requiere de metodologías complejas y personalizadas. En ese contexto, el supuesto inicial de la política aquí analizada no se estaría cumpliendo, más aún cuando se trata de niños y niñas, pues a menor edad, se dispone de menos herramientas para compensar o mitigar contextos desfavorables, o potenciar los favorables.
Dado que no se puede medir el esfuerzo y que los resultados dependen de una infinidad de factores, modificar el sistema de admisión estaría promoviendo un sistema discriminador. Así, más que eliminar la heterogeneidad en la sala de clases, es deseable que las prioridades de política educativa se orienten a proveer a los establecimientos de herramientas y competencias que permitan abordar de buena manera la nueva diversidad a la que se enfrentan.