Aire limpio, tarea de todos

02 Abril   374   Opinión   Pablo Sepúlveda Gutiérrez
Columnista Diario El Centro
Pablo Sepúlveda Gutiérrez

Seremi del Medio Ambiente Región del Maule

El 4 de diciembre de 1952 en una fría mañana de otoño Londinense Winston Churchill se levantó enfermo, el vaso de agua de su velador no logró aplacar la sequedad de su garganta, no obstante, como era su costumbre prendió su primer habano sin siquiera haber puesto un pie fuera de la cama.

Después de dejar el desayuno a un costado su asesora le acercó “The Times” que con grandes letras llenaba la portada con el titular “The Big Smoke”. Acto seguido, la asesora abrió las cortinas y el primer ministro británico dejó caer su puro sin poder distinguir el humo de su cigarrillo con aquel que nublaba la otrora hermosa vista desde la residencia en el número 10 de Downing Street. Aquel invierno de 1952 en Londres murieron más de 12.000 personas por efectos de la contaminación atmosférica producida por el consumo excesivo de carbón como combustible en la industria y calefacción domiciliaria de los londinenses. Sería éste el primer episodio de contaminación que remeció a una nación desarrollada y que dio pie a la creación de normativas ambientales como el “Clean Air Act” para enfrentar la contaminación atmosférica entendiéndola desde la perspectiva de un problema de salud pública.
Este primero de abril inició la gestión de episodios críticos asociado al plan de descontaminación atmosférica de Talca y Maule y como dicta una de las innumerables explicaciones de la mítica frase “Talca, Paris y Londres”, mas ad hoc a este caso me acomoda el “Talca parece Londres”, una frase preocupante que nos platea una siniestra semejanza a aquel fatídico episodio que se convirtió en el primer gran episodio crítico de contaminación de la historia, al menos tan ampliamente documentado.
No repetir estas experiencias, que aunque lejanas tienen tremendas similitudes con lo que ocurre hoy en nuestras ciudades, debe ser motivo de un trabajo mancomunado con la ciudadanía, hemos sido reiterativos en señalar que ninguna política pública será suficiente si no contamos con el compromiso de toda la ciudadanía, sobre todo considerando que el 80% de la contaminación atmosférica es producto del uso de leña en la calefacción domiciliaria, lo que significa que cada una de las viviendas que se calefacciona con este combustible es un pequeño emisor de contaminación y por lo tanto parte de un problema colectivo que debemos enfrentar en conjunto, el Estado por su parte, a través del desarrollo de Planes de Descontaminación, Programas de Recambio de Calefactores, Subsidios de Acondicionamiento Térmico de viviendas y Fiscalización de humos visibles, pero también nuestros vecinos deben jugar un rol activo en este esfuerzo optando a mejorar sus equipos de calefacción a equipos más eficientes y menos contaminantes, prefiriendo combustibles o energías renovables más sustentables y por último respetando las medidas que la autoridad sanitaria decreta en torno a las alertas, preemergencias y emergencias.
Sin duda el desafío de mejorar la calidad del aire en nuestras ciudades debe ser un objetivo convocante de toda la ciudadanía, pero por sobre todo es una responsabilidad ética para con nuestras futuras generaciones de legarles una ciudad, una región y un país más sostenible.