Martes, 11 de Diciembre de 2018
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Opinión

Al fin y al cabo

Ervin Castillo A.

Fundación Talca

“Conservador” es de esos conceptos que se mal utilizan desde la generalización y que en los tiempos actuales describe a seres malvados, perversos, anticuados y para nada evolucionados. Algo así como sujetos que no han sido capaces de adaptarse a la modernidad, se han dedicado a defender esquemas sociales obsoletos y que ya parecieren no responder a las dinámicas del Chile del Siglo XXI.

Esta ha sido una de las consignas anclas de sectores del denominado “progresismo” de izquierda, pero también del progresismo “liberal”, para intentar dejar fuera de toda discusión a quienes en base a una promoción de ciertos valores y principios, intentamos influir legítimamente en la cosa pública.

Desde una generalización banal y absurda, construyendo una falsa supremacía moral, se ha intentado dejar fuera de carrera a quienes estamos en la política desde una óptica republicana. El rasgado de vestiduras contra quienes arguyen desde la ética y la moral, ha sido tan feroz como insólito.

¿La actual crisis de la política, no se ha generado acaso por una reiteración de actos contrarios a toda ética? ¿No ha sido la escasa moral de múltiples personeros del mundo político lo que ha salido tristemente a la palestra? Veamos. A la espera de muchas resoluciones judiciales, que es lo que corresponde en un Estado de Derecho, sí podemos ver al menos, que aristas como las de Penta, Soquimich, Corpesca o Caval, están directamente vinculadas hacia una crítica a actos de corrupción y falta de probidad.

La transparencia pareciera haberse abortado del mundo político desde un tiempo a esta parte, o más bien dicho, son situaciones que se venían repitiendo desde hace ya unos cuántos años, pero que solo últimamente se han podido ir conociendo en su magnitud, merced al incremento de relevancia social que han adquirido los medios de comunicación y las nuevas tecnologías que acercan a la comunidad hacia sus propios representantes.

La discusión de dar muerte o de continuar con un embarazo es también una discusión valórica-ética, lo mismo las complejidades en torno a cómo fortalecer la tan desvalorizada institución social del matrimonio, o en general y en todo orden de cosas (no tan sólo en la política) el cómo recuperar la credibilidad, o al menos ostentar niveles de confianza social medianamente aceptables.

Y es que claro, guste o no a ciertos intentos de pontífices del mundo político, sí es primordial la agenda de valores y principios en el quehacer público, no desde la imposición de éstos, sino desde la propia coherencia en cada uno de nuestros actos y prácticas como miembros de una comunidad civilizada.

“Conservadores” o no, “pechoños” o no, la cosa es bien clara: al fin y al cabo, todas y cada una de las grandes discusiones país que estamos viviendo por estos días, son éticas, y son morales. Aunque duela…

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