Al pasar esa edad

19 Marzo 2018   1046   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.


Si el Lector tiene los años suficientes, el título le traerá una serie de nostálgicas evocaciones que, a otro más bisoño, no le moverá ni un recuerdo siquiera. No obstante, el título sólo pretende captar la atención para exponer un asunto harto más prosaico y contingente: el intempestivo proyecto constitucional que el gobierno extinto presentó al filo del plazo.
Ocurre que el proyecto en cuestión, que nadie tomó muy en serio puesto que se le sabía destinado al olvido, contemplaba una serie de reformas de enorme utilidad, si es que queremos vislumbrar el pensamiento y la intención de sus impulsores y especialmente de la Mandataria firmante. Y de todas aquellas reformas, que se han quedado en la mera intención, hoy quiero analizar una: la edad mínima requerida para ser Presidente de la República.
Haciendo un poco de historia, habría que recordar que la antigua Constitución de 1828 señalaba entre los requisitos para ser Presidente de la República el tener cumplidos 30 años de edad. Y que la siguiente Constitución, la de 1833, mantuvo ese requisito etario. Más tarde, la Constitución de 1925, la de Alessandri Palma de 1925, continuó exigiendo esa edad mínima para ejercer la Primera Magistratura. Fue la siguiente Constitución, la de Pinochet en 1980, que subió esa edad mínima, requiriéndose tener cumplidos 40 años. Entre las razones que debieron inspirar tal cambio, se señala, estuvo el progresivo aumento de la esperanza de vida de los chilenos, la mayor experiencia (y, eventualmente, la mayor capacidad reflexiva que, se supone, viene con la edad) y una suerte de recelo de la juventud, que pareció afectar a los redactores.
En septiembre de 2005 el Presidente Lagos promulgó solemnemente la que, dijo, era una nueva Constitución. Más democrática, más representativa y, por cierto, con su firma y no la de Pinochet. La verdad, se trataba de la misma Constitución de 1980, sólo que con algunas reformas sustanciales, entre las que estuvo una disminución de la edad mínima requerida para ser Presidente de la República. Desde aquel entonces, dicha edad mínima es de 35 años.
Finalmente, en 2016 el Senador Navarro presentó un proyecto que busca rebajar la edad en cuestión a los 30 años, buscando eliminar barreras a la participación política juvenil.
Con todo esto, ¿cómo se entiende, entonces, que la ex Presidenta haya querido, en su desahuciado proyecto, elevar la edad mínima a los 40 años? ¿No era que buscaba dar más espacio político a los jóvenes? ¿No celebraba la izquierda el surgimiento del Frente Amplio, cuyos miembros son en su mayoría sub-40? ¿Teme, acaso, la ex Mandataria que Boric, Sharp, Vallejo, Cariola y otros de esa generación le hagan sombra? ¿Pretendía con esa reforma, como algunos afiebrados sueñan, bloquear el paso a esos muchachos, para ser la única carta posible en 2021?
Lo único bueno de todo esto es que de ese intento, como de ese gobierno y de su proyecto constitucional, sólo quede un recuerdo. Un mal recuerdo.