Algo de Filosofía de la historia…

29 Septiembre 2018   1850   Opinión   Jorge Navarrete Bustamante
Columnista Diario El Centro Jorge Navarrete Bustamante
Jorge Navarrete Bustamante

Académico U. de Talca

“La historia no se repite, pero rima”, nos decía Marc Twin.
Cuando recién entre a estudiar a la Universidad de Talca debí leer un entusiasmante libro que empezaba con la pregunta:
Papá: ¿para qué sirve la historia?”
Es una provocadora pregunta que aborda Marc Bloch para orientar su discusión acerca del ritmo y del largo plazo histórico, no era por tanto banal toda vez que la historia no puede verse restringida a un conjunto de eventos sucesivos, dignos de ser relatados, pero dispersos en el tiempo, y sin una lógica que les estructure.
Simultáneamente, fue Arnold Toynbee, el ilustre historiador y filósofo de la historia, quien en su portentoso “Estudio de la Historia” que en varios de sus volúmenes contenía el “Estudio de las 19 civilizaciones” nos previno acerca de la existencia de los ciclos históricos: figura de espiral, que refleja los hechos pero a una escala distinta.
Más tarde, Ferdinand Braudel (1968), el ilustre historiador Francés, líder de la Escuela de los Anales, ha sido el padre del concepto de larga duración en la historia, el cual nos familiarizó con el concepto de tiempo social, que cobija continuidades y discontinuidades pero con un sentido definido, la larga duración histórica son estructuras de gran estabilidad, mientras que la coyuntura, el acontecimiento, es lo visible, una especie de “espuma de la historia”, lo más visible pero menos significativo.
Quizás por esa razón Marc Bloch, el insigne historiador fundador de la Escuela de los Anales, asesinado por los nazis, aseguro que “los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”.
Ello porque la historia de las naciones y de algunas instituciones tiene mucho de ese sentido de largo plazo que argumenta la larga duración de Braudel, o la historia helicoidal sugerida por Toynbee.
En definitiva, es bueno pensar en el pasado como una historia de tendencias, de bordes necesarios para comprenderlo. Empero, el reto es, entonces, indagar en las grandes tendencias que marca nuestro tránsito nacional o de una institucional, en particular.
Ello es muy útil pues nos servirá para ratificar compromisos y establecer líneas de acción que fortalezcan el ánimo histórico, y este es el gran desafío.
Finalmente, una nación o institución que basa su hacer en sus propósitos de largo plazo, es una entidad que planea sostener una vida continua y relevante, capaz de adaptarse a nuevos tiempos pero con un norte siempre consecuente con su historia y tradición.
En suma, ello se consubstancia con nuestra historia de Chile y con algunas entidades a las que pertenecemos, y cuyos actos nuestros deben estar preñados de coherencia con nuestra perspectiva enraizada a su vez en los comienzos de nuestra República.
Gran desafío tenemos entonces, día a día, como seres humanos, siempre históricos, biológicos y lingüísticos, en nuestro quehacer permanente como primordial.