Almacenar en el cielo

04 Agosto   558   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Uno de la multitud dijo al Señor: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Jesús le respondió: “Amigo, ¿Quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”. Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”. Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿qué voy a hacer? No tengo donde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.


La Iglesia Diocesana de Talca se reunirá como cada año en el Gimnasio Regional de Talca el día 15 de agosto, aunque llueva. Todo partirá con una recepción en la Plaza Arturo Prat, frente a la Parroquia Inmaculada Concepción y al Colegio Manuel Larraín.


Será una gran concentración de personas que con gran esperanza vienen a dar gracias por lo que ha acontecido en su vida durante un año pastoral. Es el recuerdo, como lo tienen los grandes momentos de la historia del Pueblo de Dios. En uno de ellos, el primero, al cruzar el Mar Rojo y entrar en la ruta de la Libertad, hacen una Alianza con Yahveh, y se comprometen a recordar todos los años de la historia de su vida lo que realizó el Señor para sacarlos de la esclavitud. Para nuestra diócesis de Talca este encuentro nos recuerda por siempre que la Iglesia debe ser una institución en salida, debe estar en permanente actitud misionera. Eso lo dejó sentir fuertemente el Espíritu Santo en el Sínodo del año 1989 a 1992. Todos los días de nuestra vida eclesial recordamos este acontecimiento que marca una nueva manera de ser Iglesia que vive la comunión y la participación, es misionera al servicio del reino y se renueva permanentemente en el espíritu.


Este hecho nos reúne a todos los cristianos de todas las zonas pastorales para renovar nuestro compromiso de hacernos cada día más acogedores, creativos, alegres, constructores de una sociedad solidaria en la cual se superan los abusos de poder y de tipo sexual.


El centrar nuestra mirada en Jesucristo, nos asegura que no debería existir ningún tipo de atropello de la dignidad de las personas porque su forma de vivir es únicamente hacer la voluntad del Padre. No acapara todo para él como el hombre del evangelio, sino que comparte todo lo que él es para que en él tengamos vida.


Durante este tiempo de crisis que hemos vivido y del cual vamos saliendo, es el Señor Jesús quien nos mueve el corazón y los dispone para dar testimonio de su presencia en una comunidad viva.


Nos reunimos con la misma fe que tuvieron aquellos que iniciaron esta historia, los que fueron nuestra voz y lograron discernir las medidas necesarias para caminar por los siglos que vienen. Tendremos la atención de adaptarnos a los cambios que los tiempos nuevos nos advierten, pero con la lucidez y el compromiso que nuestros padres tuvieron.