“Ámense los unos a los otros” Quinto domingo de Pascua. Juan 13, 31-35.

19 Mayo   281   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Durante la última Cena, después que Judas salió, Jesús dijo: Ahora el Hijo del Hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”.
En este domingo volvemos a leer el pasaje de la Última Cena de Jesús con sus discípulos y aparece fuertemente la relación de cariño profundo que tiene con estos amigos que se ha elegido y que lo han acompañado en toda la región de Galilea, incluso saliendo a otros pueblos y llegando finalmente a Jerusalén, el centro de toda la vida judía: allí funciona el gobierno, la economía y la religión. En ese lugar es donde culmina su peregrinar para convertir el corazón de su país, para abrirle los ojos a la novedad del Reino que él predica y lo hace no solo con palabras, sino que con el testimonio de su propia vida.
La manera de culminar no será de la mejor forma, ya que como hemos visto hace pocos días, la Semana Santa que celebramos recuerda el martirio de Jesús en la cruz y la sorpresa de la resurrección; acontecimiento que provoca un renacer de la fe en los discípulos y su compromiso para toda la vida con la Buena Noticia.
Mirando este momento de la Última Cena con el conocimiento de la resurrección de Jesús, podemos admirar el delicado cariño con el cual el maestro trata a sus discípulos en un momento crucial. Les anima a tener un estilo de vida que haga la diferencia en el mundo en el cual viven. De una religión que solamente vive de ritos sin sentido ni aporte a la vida concreta de las personas, los lleva a identificarse por la fuerza renovadora y creadora del amor. Una fe que se fortalece en la comunidad que acompaña y que sabe valorar a cada uno, también en la corrección fraterna cuando se equivoca el camino. Esa experiencia religiosa es aporte a un mundo que requiere compañía y consuelo en muchos aspectos. Un discipulado que piensa en la historia que vive y descubre sus necesidades, así como sus grandezas, se enriquece con el aporte de aquellos que hacen suyos los valores de Jesús. Serán hombres y mujeres que fruto del amor recibido y expresado entre ellos cuidan el mundo en el cual se mueven, mejoran la calidad de la tierra en la cual se cultivan los alimentos que necesitamos para el futuro, serán capaces de renovar toda la vida y la historia.


La religión del futuro tiene una expresión en las calles, en los centros de dolor humano como son los hospitales u hogares de ancianos o personas de la calle. En la actividad juvenil del cuidado de las costas y de los bosques, de largas caminatas que valoren el Reino de Dios, el mundo en el cual estamos. El arte que expresa a través de la música y de la pintura y de muchas otras lo que el corazón humano siente y que se refleja en las expresiones de nueva humanidad respetuosa de sí misma y de los otros.


El amor de Jesús se siente en el encuentro de los amigos en la conversación relajada y en el compartir un alimento que nos fortalece y nos da la energía para construir mañana en una nueva misión. Que siempre es de salida, nunca del encierro.