Andar por las ramas

04 Julio 2018   1458   Opinión   Ignacio Cárdenas Squella
Columnista Diario El Centro Ignacio Cárdenas Squella
Ignacio Cárdenas Squella

Periodista

Transitamos cada día por nuestra sociedad materialista escuchando debates tan inocuos como intrascendentes para los verdaderos grades desafíos o simples realidades que serán determinantes para el éxito del país hacia su aspiración (más declamada que trabajada) de llegar a ser “desarrollados”. 

Es que, de verdad, la escasez de verdaderos estadistas que influyan en la política se hace daca vez más alarmante. Es ya enojoso ver que las sesudas discusiones se multiplican, por un lado, en intentar culpar al gobierno anterior de todos los males, tanto que parece que el nuevo gobierno tiene miedo de asumir como su tarea, el cumplimiento de las rimbombantes promesas de campaña; o por otra parte, nos regalan como tema de la agenda la “sequía” de proyectos del Gobierno en el Parlamento como si todo se solucionara con leyes y como si no hubiera en el Congreso multitud de proyectos que duermen sin apremio.
Con tanta futilidad, resulta comprensible que las vigas maestras actuales y que pueden darnos la posibilidad de un salto privilegiado hacia el crecimiento como son el manejo del litio, la regulación del agua (el nuevo oro blanco) y las energías renovables, no estén con una agenda y con aporte sustantivo de recursos para ponerlos como puntales.
Conjuntamente, la modernización de Estado (parece que en este ámbito algo se trabaja) y la inversión en ciencia e investigación, deben ser carriles paralelos para el logro deseado y con recursos de verdad, aunque tengamos que endeudarnos para ello o salirnos de las reglas (que más parecen ideologías) del manejo fiscal contra cíclico. Esa “audacia” se pagará con creces.
Si bien se habla mucho del litio y SQM, se termina degradando el tema al gastar mucha saliva para discutir si asume o no como asesor de esa empresa el Sr. Ponce, como si ello tuviera alguna relevancia y no supiéramos todos los chilenos (menos parece la clase política) que su presencia como propietario (de manera espuria) de la empresa no estará siempre participativa y vigilante, aunque sea en la sombra.
Como si ese debate no fuera irrelevante respecto de proteger las riquezas mineras de Chile, ojalá explotarlas directamente (¿acaso Codelco no sería capaz?) y asegurar que esas enormes riquezas, que nos hacen únicos en el mundo por las reservas que tenemos, sean sustento para todos los chilenos y no termine en las manos de unos pocos o simplemente en el exterior.
Parece que las enormes luchas por la chilenización y nacionalización del cobre no nos hubieran enseñado nada. Cosa parecida pasa con el agua y que tenemos el inmenso baldón de tener ese patrimonio, que debiera ser un bien nacional de uso público como las calles o el mismo aire, esté en manos privadas, de manera prácticamente gratuita y no se termine (¿o empiece?) a legislar al respecto.
Pero están más preocupados los señores parlamentarios (que acuden a las regiones como venerables con la autosuficiencia del caminar de un médico en el hospital) de acusaciones constitucionales, de criticar que se ha terminado de “instalar” el Gobierno.
Es legítimo, y parte de la política, aspirar a tener el poder, pero eso sin postergar o arriesgar en interés nacional. La mediocridad parlamentaria nos irrita y ciertamente el silencio o la inacción en estos temas (como también con la droga) mueve a pensar que hay ignorancia, cobardía o quizás complicidad.