Animus societatis

17 Noviembre 2018   1116   Opinión   Diego Benavente M.
Columnista Diario El Centro Diego Benavente M.
Diego Benavente M.

Ingeniero civil, U. de Concepción

La Araucanía no pasa de moda y cada cierto tiempo se transforma en el epicentro de la violencia rural con rebrotes en distintos escenarios, sin duda es un tema país que requiere especial atención y dedicación, lo cual en alguna medida ha ido ganando mayor atención y espacios de conocimiento e importancia. La situación es compleja y requiere compromiso de los distintos actores, lo cual pasa por que cada cual, en los distintos niveles de involucramiento, pueda hacer muy bien y con especial cuidado su trabajo. Y por otro, los que aprovechando la tensión y luces mediáticas, se encargan de comentar el tema, muchas veces sin conocer su profundidad y complejidad, debieran por un momento guardar silencio y reflexionar en el cómo se puede abordar esto de una manera conjunta, transversal y colectiva, escuchando especialmente a los actores regionales de La Frontera.
Para La Araucanía es de suma importancia el poder generar un animus societatis o estado de ánimo colectivo, que sea proactivo y propositivo de modo que le permita abordar su especial y conflictiva realidad e iniciar un camino común que la lleve más pronto que tarde hacia el desarrollo. Y de una vez por todas, ponerse al día en el concierto nacional donde desde siempre ha estado al fondo de la tabla y así poder dar una mejor calidad de vida a sus habitantes, en especial a aquellos que menos tienen.
En el entorno inmediato cabe destacar la voluntad política imperante en el gobierno, que entre otros, puso por primera vez a La Araucanía entre sus 5 prioridades nacionales. Esto bien podría hacer una gran diferencia, para que en esta oportunidad si, la región inicie su despegue. Para llevar adelante esta tarea, todos tienen que poner de su parte, lo que debe iniciarse cambiando el discurso y, por consiguiente, el estado de ánimo derrotista.
Se necesita generar espacios de confianza para construir juntos y potenciarse en la diversidad, lo cual pasa primero por creer en lo que cada uno hace y sobretodo en lo que se hace bien, dejando atrás el típico lamento. También es necesario desenredar el discurso técnico y político que no aporta, sino más bien confunde, hablar en sencillito es clave, porque así todos entienden.
Hay que replicar lo que se ha hecho bien y cachetonearse en buena cuando corresponde. Así como saber escuchar y seguir a los que saben y que son capaces de concretar. Hay que dejar de creer en aquellos que solo aparecen cuando se encienden los focos con su florida verborrea, sin duda estos ya no la llevan. Aquí se hace necesario bajar a pueblo y sacar a terreno, como “la característica” para formar a los jóvenes, en especial a los nuevos profesionales.
Sencillez y simpleza construyen fortaleza, más aún cuando esto proviene desde los que viven los problemas. Hay que desarrollar espaldas para defender lo propio frente a los monstruos de cada cual y como nadie podrá ser mejor defensor que uno mismo, el testimonio y la responsabilidad de traspasar y dar así continuidad a lo bueno, es de cada uno. En esto, no hay tu tía.