Araucanía

22 Noviembre 2018   507   Opinión   Ervin Castillo Arancibia
Columnista Diario El Centro
Ervin Castillo Arancibia

Fundación Talca

 

Qué duda cabe que la agitación que hemos visto por estos días en la Araucanía, no responde a una cuestión temporal o coyuntura específica, sino a una problemática global, arrastrada por décadas, y sobre la cual, la mayoría del establishment político prefirió omitir compromisos por comodidad o por la doctrina de lo políticamente correcto. En específico, y ante la lamentable y aún confusa muerte de un joven comunero mapuche, la temática ha vuelto a reflotar, y con ella, también, la violencia como método de expresión, las malas prácticas de funcionarios de instituciones y el mezquino aprovechamiento político de quienes en lugar de ver esto como una oportunidad, lo ven como una mera revancha para el lanzamiento de los dardos que siempre han deseado disparar.
Por lo que ya ha conocido la opinión pública, no puede caber más de una lectura en torno a lo reprochable del comportamiento de ciertos funcionarios de Carabineros de Chile, quienes obstruyendo la justicia a través de la eliminación de medios de prueba, intentaron vulnerar el estado de derecho, y la verdad de los hechos acaecidos que terminaron con la muerte de Camilo Catrillanca. Nada puede justificar un hecho tal, por eso vino bien en ese sentido, la rápida respuesta del ejecutivo y también de la Dirección General de la entidad. Algo similar ocurre en cuanto a la violencia como forma de expresión pública, la que no obstante ser promovida de muy mala manera por personeros del espectro político, debe ser repudiada por la amplia mayoría de las fuerzas políticas, las que tienen que pasar a un entendimiento en torno a que ninguna reivindicación territorial, política o cultural, puede ampararse sembrando terror en la población.
La mezquindad también ha vuelto a reflotar, con ocasión del fallido intento de acusación constitucional anunciada por parlamentarios de la Democracia Cristiana, la que no llegó a fructiferar ante la renuncia del Intendente Mayol. Es de esperar, que el nuevo intendente designado, pueda aportar a la recuperación de las confianzas, a la prudencia política para no tomar posturas ni decisiones antes de tiempo, y para colaborar con el clima de unidad que tanto se requiere, para que aquellos sectores rurales de la Araucanía ya cansados de tanta violencia en el espacio público, puedan recuperar su derecho a vivir en paz.
La muerte del joven comunero no puede resultar impune, y para ello, los Tribunales de Justicia y el Ministerio Público, deberán cumplir con su trabajo, como ocurre en cada democracia liberal. También, se necesitará un consenso nacional en donde no se justifiquen más hechos de terrorismo ni delictuales que puedan comprometer a personas de la etnia mapuche, los que a pesar de actuar muy aisladamente, manchan la rica historia, cultura e identidad de un pueblo tan fascinante como el mapuche, y del cual todos debiésemos sentirnos igualmente parte.
Que la prudencia haga lo suyo, la justicia lo mismo, y podamos para ser realistas, en el mediano plazo, sentarnos a conversar sobre las deudas en materia de políticas públicas e historia con las comunidades araucanas. Es el camino a trazar para cualquier país que, caminando al desarrollo, aspira a no olvidar sus raíces más lacerantes. Reitero mi pesar por la muerte de Camilo, y por todas aquellas víctimas de este conflicto, civiles y militares (Fuerzas de Orden y Seguridad Pública). Para que nunca más.