Aula segura

18 Octubre 2018   1643   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

La violencia como método de expresión política, y en general, como vehículo de muchas causas en el ambiente público, ha ido desde un tiempo a esta parte, revitalizando viejas expresiones que ya parecían parte del pasado. Hay una crisis, y aunque vastos sectores del país prefieran hacer oídos sordos u optar por buscar las justificaciones del por qué se produce, lo cierto es que a nivel estudiantil, hemos pasado en no pocos casos, a hablar de bombas y golpes de puño, en lugar de libros, discusiones intelectuales o esfuerzos técnicos de conocimiento.
Que en las luchas políticas universitarias había violencia, era algo que en términos globales ya conocíamos, en donde en instituciones como la CONFECH, se había incubado desde hace años las lógicas de la intolerancia y represión sobre el que piensa distinto, sin embargo, bastante menos de ello sabíamos en relación al segmento secundario.
Ahora, en los principales liceos públicos, esos que solían representar el alma institucional de nuestro país, los denominados “emblemáticos”, cuentan hoy con escaladas importantes y diversas de violencia, entre los mismos alumnos, en contra de directores de establecimientos, profesores, miembros de la comunidad educativa o contra efectivos de carabineros. Para qué hablar del inmobiliario público de escuelas y liceos, que han sido fuertemente devastados, porque quienes carentes de ideas y argumentos, se han decidido por el camino de la agresión, de la beligerancia.
Los intolerantes del siglo XXI, que aun teniendo infinitas más posibilidades de desarrollo que las generaciones anteriores, así expresan sus resentimientos y sus mal llamados ideales políticos.
Hablar de soluciones es aún más complejo, porque proyectos de ley como los que actualmente se toman la carpeta legislativa para hacer frente a la problemática, no pueden hacerse cargo de la erradicación de la violencia. Y es que, a pesar de dejar de contar con estos “estudiantes” en las aulas de clases, la difusión y propagación de la violencia política seguirá, continuará, en otros espacios, en otros frentes, pero seguirá estando igualmente presente.
Desde luego que debemos conversar y avanzar en el plano legislativo para encontrar rutas que transitoriamente apunten a recuperar la dignidad y tranquilidad de tantos personeros de las comunidades educativas afectadas, pero al mismo tiempo, sin perder de vista que las reflexiones que debemos generar al respecto son mucho más profundas que las formas momentáneas para salir del paso. Urge la aprobación de “Aula Segura”, con las correcciones e incorporaciones que haya que realizar, porque para eso está nuestro poder legislativo, para identificar qué elementos van haciendo mejor a una iniciativa legal planteada para una situación determinada.
Sería obtuso decir que el actual escenario de descredito de las entidades públicas no contribuye al clima de malestar, así como también, no se puede con ello justificar lo que nuestros ojos tienen que ver cada semana, cuando el odio de ciertos violentistas gira en torno a cualquier osado que se pare en vuestros caminos.
Para estas conversaciones, hace falta carácter, decisión, y no usar las técnicas del populismo para aplausos que no tienen reproducción real en el objetivo de encontrarle una vuelta. Mal que mal, hay cosas que no podemos tolerar como sociedad, y la violencia ocupa, probablemente, el primero de esos lugares.