Lunes, 10 de Diciembre de 2018
Indicadores económicos UF: Dólar: Euro:

Calidad del aire

Intervalos Nubosos

Opinión

“Aún no comprendían que Él debía resucitar de entre los muertos” Domingo de Pascua de Resurrección del Señor. Juan 20, 1-9

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Hemos vivido una semana en la cual hemos visto impresionantes atentados contra la vida de las personas, una en el parlamento chileno, donde se define si debe nacer aquel que desde su concepción tiene todas las capacidades para que surja un ser humano: características genéticas, color de ojos y de piel, incluso se puede saber la estatura que podría medir, e incluso qué enfermedades podría padecer: pero al parecer, para algunos eso no vale a la hora de hacer prevalecer intereses personales por muy dolorosos que ellos sean. Me ha tocado acompañar a muchas personas que han abortado, y ninguna de ellas ha podido olvidar y superar esa situación; incluso niñas que han concebido hijos de su familiar y que han podido salir adelante. Y por otro lado quienes no han podido soportar esa situación y se han encontrado fetos en los basureros, en muebles de colegios o en pozos sépticos: personas a las cuales no tengo el derecho de juzgar, solo acompañar y en parte ayudar a que puedan vivir con ese trauma por toda la vida; yo mismo he sentido la incapacidad de hablarles de Dios Padre, cuando han sido víctimas de quien las ha engendrado.

 

Hemos vivido una semana en la cual en Bruselas se ha dado un nuevo atentado terrorista que tiene detrás motivos políticos y religiosos. Algo inentendible, no se puede hablar de Dios y por otro lado asesinar a personas, no puede ser.

 

Pero hemos vivido algo que nos hace recuperar la esperanza, una noticia que comenzó de manera silenciosa y en la oscuridad de la noche ya que todavía estaba oscuro; María Magdalena, fue al sepulcro y encontró que la piedra estaba corrida y al mirar hacia el interior no estaba el que habían dejado ahí. Solo permanecían las vendas y el sudario que cubría su cabeza en la piedra. Los discípulos dan testimonio de que esto es verdad y nosotros hemos creído en ellos y aunque no hemos visto a Jesús como los apóstoles en esos días sabemos que su presencia continúa en el mundo.

 

Hemos sido testigos de la protesta de Dios ante la muerte, aquella que es capaz de acabar con todo, la que es oscuridad y soledad absoluta. Ni siquiera Dios la quiere para su Hijo y su grito de protesta es resucitarlo como el primero entre muchos.

 

De hecho, la muerte terrenal de Jesús ha provocado que ahora surjan doce nuevos Jesucristos. ¡No! Miles de Jesucristos, ¡millones en el mundo! que al hacer propio el mensaje del Maestro de Galilea continúan construyendo su Reino de amor.

 

La resurrección de Jesús no se queda solo en el hecho único del cual nos dan cuenta los evangelios, sino que además por la vida de hombres y mujeres que con su testimonio de paz, de solidaridad, de comprensión, tolerancia, justicia, sentir con los más pobres y excluidos nos dicen que vive y que está junto a nosotros.

 

Es un hecho real, porque los discípulos dan testimonio de la resurrección, pero además, es un acontecimiento actual, que día a día se hace efectivo en la defensa de la vida que día a día se da. En el cuidado del mundo y la naturaleza, ya que en ella se nos muestran atributos del Padre Dios y en la sencilla vida de tantos hombres y mujeres que se levantan temprano cada día, trabajan, hacen familias, ven crecer a sus hijos, a sus nietos y luego parten no para irse, sino para descansar junto al Padre Dios en su Reino. Esa es la vida plena y verdadera, ese es el lugar de la paz y de la alegría, de la salud.

 

Que la celebración de la resurrección de Jesús nos haga ser más comprometidos con la vida de cada día, porque el cielo comienza aquí y se dispara a la eternidad.

Volver a opinión

Comentarios