Jueves, 20 de Septiembre de 2018
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Opinión

Auténtica libertad

Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

La memoria vigilante no tiene nada que ver con la fijación rígida de los hechos pasados. La memoria guarda en variedad de registros. Así permite abordar una y otra vez nuestras realizaciones o incluso, frustraciones... Los hechos vividos están ahí y pueden rememorase una y otra vez. Incluso, muchos enigmas del pasado quedan cerrados por largo tiempo, con siete sellos.
Las edades de la vida que la persona conserva en la memoria, están marcadas por muchas acciones y pasividades vividas. Éstas adquieren nuevos significados en el presente, como circunstancias adversas o humillaciones, de dolorosa reminiscencia. Ahora consiguen carácter y sentido distinto. Lo que un momento pretérito se tuvo como un mal o vivencia al límite, incluso trágico, hoy se comprende como relevante en el crecimiento y desarrollo.
Por eso volvemos con frecuencia a nuestros recuerdos y descubrimos de pronto en nuestras trayectorias vividas, significaciones que antes no habíamos advertido. Además, enfrentados al vivir cotidiano, en situaciones álgidas o apremiantes, la memoria de súbito nos hace presente recuerdos para volver a ser considerados, tanto más si no hemos tenido el coraje suficiente de encararlos e interpretarlos. Por la memoria vigilante el hombre puede reconocer gradualmente los significados y el sentido latente que esconde su itinerario vital. De ahí las reinterpretaciones frecuentes de nuestros recuerdos y que éstos nos acicateen en el vivir actual.
Aceptar nuestra memoria es aceptación de sí mismo, sin la cual el hombre no puede proyectarse a futuro alguno. Según palabras de Guardini, la aceptación de sí consiste: “En la aceptación de lo que es, la aceptación de la realidad, de ti mismo, de las personas que te rodean, del tiempo en que vives”. Así pues, la aceptación de mí mismo, de lo que heredé, de la época que nací, de mi realidad tal cual es, de los hechos vividos, son lo que he sido y soy ahora.
Es que lo vivido no está petrificado y muerto, aunque no pueda cambiar o borrar lo que habría preferido no vivir, ni soslayar las acciones de las que fui autor y que en el presente repruebo. Si lo vivido por mi está ahí, sin embargo, mi mirada y la actitud actual ante esos hechos pasados, pueden hacer que tomen por mis decisiones sentido nuevo, tienda puentes, sanen heridas. La memoria vigilante necesita, según sea el caso, de interpretaciones adecuadas y sucesivas en la verdad, cuyo sentido hacen luz y eso es, sencillamente, auténtica libertad.

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