Martes, 25 de Septiembre de 2018
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Opinión

Ayer en Brasil

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

La votación de ayer en la Cámara de Diputados brasileña deja varias lecciones de enorme importancia, especialmente para los mandatarios de Sudamérica.

Primero, que a partir de ahora ningún gobernante puede estar seguro de terminar su mandato, sea que lo inicie con una alta popularidad y gran votación, sea que comience con apenas el mínimo que surge de una ajustada segunda vuelta. Ya es parte del pasado aquella actitud displicente, olímpica, de algunos Mandatarios, que una vez electos y sentados en el sillón del poder, hacían y deshacían, en la seguridad de un periodo de cuatro, cinco o más años. Hoy sabemos que un mandato presidencial puede acabarse antes de tiempo.

En segundo término, la oleada de rechazo generalizado a las prácticas corruptas que se advierte en casi todos nuestros países no puede ser ignorada por los gobiernos. El fin ya no justificará más los medios que los Mandatarios empleaban profusamente para obtener apoyos, garantizar prebendas o asegurar su futuro, o el de sus cercanos. Hoy ya nada queda entre los muros del poder. Las nuevas tecnologías, los grupos sociales empoderados y los medios de comunicación masificados, exigen saber todo y no se conforman con menos.

Lo acontecido ayer en Brasil marca un hito en la evolución del sistema democrático latinoamericano. Una sociedad civil mucho más exigente, representantes legislativos que ejercen con rigor su rol contralor, medios de comunicación que investigan y hacen público y encauzan el sentimiento popular, configuran ese cambio.

Ayer, no fue sólo la Presidenta Rousseff la acusada y temporalmente alejada de su cargo, fue todo el gobierno que ella encabeza, su partido y el bloque oficialista en masa el que resultó reprobado. Y, en la otra vereda, no fueron sólo los parlamentarios y los líderes políticos opositores los que lograron ese triunfo del sistema democrático. Fue, realmente, el pueblo quien lo consiguió, cansado de los discursos elusivos y las verdades a medias.

No obstante, la celebración opositora debiera moderarse. La caída de la Presidenta brasileña (sabemos que el juicio político recién se inicia, pero sería extraordinariamente sorprendente que el Senado terminara absolviendo a la Mandataria), constituye, también un fracaso de todo el sistema político del país. La base de la acusación, maquillaje de la contabilidad gubernamental para ocultar las verdaderas cifras económicas desfavorables a la reelección de la Mandataria, no pudo hacerse sin la participación, o al menos la omisión culposa, de numerosos colaboradores, parlamentarios, ministros y asesores.

Sólo cabe esperar que el paso dado ayer por la democracia brasileña marque un camino de mayor rectitud, transparencia y responsabilidad en la función gubernamental. De ser así, sería bueno que otros pueblos sudamericanos, sus gobernantes y su clase política, tomaran nota de que los mandatos pueden llegar a su fin más temprano de lo que se espera.

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