Bingo…

26 Julio 2018   405   Opinión   Jorge Navarrete Bustamante
Columnista Diario El Centro Jorge Navarrete Bustamante
Jorge Navarrete Bustamante

Académico U. de Talca

Ser ministro de educación no es insignificante. Es la cartera más relevante para toda nación que se respete y sus comunidades.
Allí radica la esencia del ser humano, de la familia y la sociedad pues son el conocimiento y valores axiológicos los que fecundizan una positiva trascendencia.
Por ello, en toda colectividad humanista la educación es un bien público al que todos deben aportar desde sus respectivos roles. La educación es entonces un Derecho Humano; jamás un bien de mercado.
Liderar el ministerio de educación es más que una gestión baladí preñada de comunicación frívola y reduccionista. Es una sentida vocación, complementada con ciencia educacional, y empática pedagogía pública.
Es decir, no se puede liderar el Ministerio de Educación si no se siente amor por la educación.
Para educar, primero hay que amar la educación, nos decía Mistral.
Por tanto, no se festina con la educación. Menos aún si en ella las “formas importan tanto como el fondo”. Ergo, su ministro debe ser el primer educador de la nación.
Lo insólito es que el actual ministro después de comprometerse ante su propio Presidente de la República que sus repudiadas expresiones no volverían a ocurrir, ha sido ello reiteradamente incumplido.
“A faltas reiteradas, anomalía segura”, dice la sentencia. Pareciera entonces, que Chile cuenta con un ministro que carece de peso intelectual, empatía conceptual, y de sólidas ideas educativas, más allá de considerarlas un mero bien de mercado.
Grave cosa esta.
Lo curioso es que hasta personeros de su propio gabinete nacional y alianza partidaria, le han hecho saber públicamente que sus desafortunadas expresiones, le “hacen daño a la buena gestión de gobierno”.
Por cierto, se sabe que el suscrito no sufragó por el actual gobierno. Y tal vez lo más sencillo sería omitir mi opinión y esperar que caiga por su propio peso este mal ministro y, simultáneamente, que se deteriore progresivamente éste ya cuestionado gobierno por sus propios errores, ante una oposición dividida y a veces ingenua como con débil autocrítica. Sin embargo, nuestra educación es demasiado relevante para dejar que continúe un ministro tan torpe verbalmente, y tan incompetente administrativa y políticamente.
De esto último, dan cuenta las respetivas Cámaras parlamentarias que señalan que el ministerio lo lidera y defiende el Subsecretario Raúl Figueroa. Más aún, desde el mismo ministerio señalan que no hay que exponer al ministro a preguntas técnicas de los periodistas, y dejarlo exclusivamente para el “muñequeo político”, donde también ha sido ya un fracaso.
La educación importa… y mucho, como para tener un ministro de tan minúscula envergadura espiritual y de soez hablar.
La educación es compleja. Es un intangible cuyo transcurrir sólo es evaluable décadas después… Tal como ha sido ya su funesta privatización, municipalización y fulminación del Estado Docente que, desde hace pocos años, Chile empezó incremental y positivamente a revertir, y donde verificablemente no se precisa de un Bingo.