Brasil, entre Chávez y Trump

15 Octubre 2018   1820   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

 

Difícil, por decir lo menos, se hará a los 147 millones de electores brasileños decidir a quién entregan su sufragio, si las opciones del domingo 28 se reducen a Bolsonaro y Haddad. Esto, considerando que el panorama de la segunda vuelta presidencial brasileña ofrece unas opciones que, analizando las propuestas de ambos candidatos, podrían reducirse a dos: Un candidato semejante a Trump, frente a otro semejante a Chávez. Nada más.
Bolsonaro, con una victoria parcial que sorprendió a todo el mundo por el gigantesco caudal de votos que obtuvo, casi 50 millones, y que no ahorra comentarios favorables a la violencia, al machismo y a la xenofobia, ha caído como un jarro de agua fría en la esfera “progresista” de América Latina. Después de varios años, décadas de corrupción y recesión económica, aparentemente los brasileños han considerado que una figura “descontaminada” de aquellos vicios, que habla directo, sin dobleces y sin ambages, es lo que más les conviene. Una figura extremadamente conservadora, nacionalista, que pone a Brasil primero y a Dios por sobre todo y que promete “hacer a Brasil grande de nuevo” obtuvo esos 50 millones de sufragios provenientes de una ciudadanía hastiada de la corrupción (simbolizada en Lula, condenado a 12 años de cárcel), de la violencia (hubo 175 asesinatos al día durante 2017) y de la crisis económica (Brasil tuvo un crecimiento de apenas 1% el año pasado).
Haddad, con sólo un 29% de los votos, no ha logrado aproximarse a las cifras de sus mentores. En verdad, Lula y Dilma, más que apoyo, crecientemente han sido una carga que ha debido arrastrar el candidato. Igual cosa ha ocurrido con el añejo programa de gobierno que le ha impuesto el Partido de los Trabajadores, impidiéndole la libertad de acción suficiente para responder a las cambiantes demandas de la sociedad brasileña. La tarea de Haddad, remontar los 17 puntos que le separan de Bolsonaro, con un programa de gobierno que habla de cambiar la Constitución creando una Asamblea Constituyente al estilo venezolano, controlar la economía al estilo cubano, mantener y aumentar el asistencialismo de los bonos y subsidios, no le está dando el resultado que espera. Tampoco lo ha conseguido sumar apoyo de dirigentes sindicales (que opinan, con razón, que este académico universitario no es Lula) ni tampoco han acudido a su llamado los viejos baluartes políticos tradicionales, que no quieren aparecer en la foto con un probable perdedor. Mientras, la ciudadanía observa esos esfuerzos y propuestas, esos cambios de última hora (como remplazar el color rojo de su campaña por el verde-amarillo de su bandera) con recelo, desconfianza y rechazo.
No es Lula ni Chávez lo que los brasileños quieren como Mandatario para los próximos años. Ni el primero logró sacar a Brasil del subdesarrollo, hundiéndolo en coimas y corrupción, ni el segundo podría hacerlo, aunque reviviera.
Por tanto, y a menos que ocurra una sorpresa gigantesca, los brasileños elegirán como próximo Presidente a Bolsonaro, que no se parece a Lula ni a Chávez, sino más bien a Donald Trump, de quien ya sabemos qué es lo que se puede esperar.