Brasil: ganadores y perdedores este domingo

22 Octubre 2018   1966   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Si bien se estila que, tras cualquier elección, todos los participantes intentan aparecer como ganadores, independientemente de la votación obtenida, es claro que en Brasil algunos ya ganaron y otros, quiéranlo o no, ya perdieron.

En primer lugar, la gran derrotada en el proceso electoral 2018 en Brasil ha sido la denominada “clase política” tradicional. Casi el 50% de los diputados electos hace un par de semanas, son nuevos Parlamentarios, es decir, nunca antes habían ocupado un cargo así. Este hecho, la profunda renovación del Congreso brasileño, debe ser interpretado como un fuerte rechazo ciudadano a los políticos “profesionales”, a quienes se identifica con los numerosos casos de corrupción que han llevado a la cárcel a muchos de ellos (partiendo por Lula y varios de sus cercanos).

Y si en la Cámara de Diputados las caras nuevas serán la mitad, en el Senado la renovación fue aún más significativa. De los 54 escaños senatoriales en disputa, 46 serán ocupados por debutantes. Los senadores que intentaron su reelección fracasaron abrumadoramente, demostrando que los brasileños nada quieren con esos políticos tradicionales. El símbolo de esta derrota fue Dilma Rousseff, quien pese a ser una ex Presidenta, no consiguió ser electa senadora por Minas Gerais, Estado que fue siempre su bastión electoral. Otra clarísima derrotada en las pasadas elecciones fue la izquierda brasileña: su emblema, el Partido de los Trabajadores (PT), pasó de tener 13 senadores, a lograr elegir sólo a 6, merma que en diputados fue porcentualmente semejante. La ciudadanía ha castigado con singular rigor a quienes juzga involucrados en los escándalos de corrupción, coimas y sobornos ventilados en los últimos años.

Pero no todos son perdedores. Los evangélicos, un credo particularmente fuerte y organizado en Brasil, han consolidado su expresión política conformando una bancada homogénea. Y, tras el apoyo otorgado a Bolsonaro en la primera vuelta, y por cierto en la segunda, que se realizará este domingo, es altamente plausible que la iglesia evangélica consiga posicionarse muy cerca del probable próximo Mandatario brasileño. Los ex uniformados, militares y policías, también están entre los ganadores de estos comicios, aumentando fuertemente su representación y, lo que es muy interesante, muchos de los nuevos Diputados o Senadores mezclan ambos factores, es decir, son ex uniformados y, además, profesan credos evangélicos.

Pero sin duda que el gran ganador, pese a que faltan 6 días para la segunda vuelta, es Jair Bolsonaro, un político que pasó de ser un simple Diputado, de mediana figuración, a obtener 50 millones de votos presidenciales en primera vuelta, compitiendo contra la maquinaria electoral del PT, contra los medios de comunicación y la elite política brasileña.  Ese triunfo y la probable victoria este domingo, no sólo le hará Presidente sino, además, le convertirá en la primera seña de una tendencia electoral de consecuencias aún no dimensionadas.

La nitidez de estos triunfos y fracasos ha sido tan rotunda, que sus repercusiones han trascendido las fronteras y algunos analistas estiman (y muchos políticos tradicionales temen) que la tendencia podría contagiarse a otros procesos electorales latinoamericanos de los próximos años.