Lunes, 24 de Septiembre de 2018
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Opinión

¿Buenos o malos pastores? Cuarto domingo de Pascua. Juan 10, 27-30.

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Estamos viviendo tiempos muy difíciles en nuestra sociedad. Hay cuestionamientos a todas las instituciones. Y de hecho, tienen razón en la mayoría de las situaciones que se le imputan a quienes gobiernan, a quienes educan, a quienes nos orientan, a la probidad de todos los chilenos. Se acercan días de elecciones y lo primero que piensan la mayoría de los políticos y la gente sencilla cae en el juego de aquellos que “han estudiado un poco más” y nos pueden dirigir es “qué yayitas le podemos sacar a los contendores”. Siento pena cuando en vez de pensar en el aporte que una u otra persona puede hacer, nos fijamos en lo negativo y en la maldad de lo que se pueda estar pensando. Se juzga ya antes siquiera de hacer las cosas y no se cree en la conversión o en la rehabilitación de las personas: las cosas son blanco o negro, sin colores intermedios.

Cualquier idea que se dé es negativa porque la dijo tal o cual, la tolerancia es la implantación del individualismo extremo, así también el deseo de ser y tener todos lo mismo aunque en algunos casos no se necesita (recuerdo la caricatura de los tres hombres mirando al estadio sobre un cajón: uno alto, el otro mediano y el otro pequeñito. El alto sobrepasaba la malla y veía todo el estadio, el mediano lograba ver y el pequeñito no veía nada y al final aparece un cuadro donde el alto no tiene cajón y puede ver, el mediano sigue igual y el pequeñito está sobre dos cajones y al final la lectura que invitaba a crecer en equidad más que en igualdad), por ejemplo el matrimonio: ya sea hetero u homo, hay personas que no tienen capacidad de asumirlo, lo mismo la paternidad o maternidad. Aunque casi todos tienen la capacidad de serlo, no todos tienen la voluntad y el deseo de asumirlo. No todos tienen que vivir lo mismo.

Y se preguntarán a qué todo lo anterior: creo que el rebaño está bien disperso. Hay muchas ovejas que revolotean por el campo en todas las instancias de la vida. Cada una vive como puede y desconfía de la otra como si fuera enemiga, aparecen muchos pastores pero cada uno trae una mentira o bien, me parece que no puede ser verdad.

Hay un grito grande en la humanidad que surge pidiendo una respuesta, necesitamos líderes, hombres y mujeres que nos enseñen a vivir verdaderamente como hermanos. Que nos muevan a construir una sociedad distinta. No que se vuelva al pasado, sino que se avance a una dimensión de Reino de Dios, donde todos podamos confiar, cuidarnos, reírnos con el otro, disfrutar sus triunfos y llorar juntos en los momentos difíciles, necesitamos pastores que piensen no en ellos sino en las ovejas, que siempre y ante todo tengan como respuesta: mi voluntad es hacer la voluntad del Padre, antes que los intereses personales. Seguramente el rebaño volverá a reunirse, a confiar y a ser cada uno lo que debe ser desde la vocación personal que se ha recibido, sin sentirse discriminado o violentado. Se necesitan muchos de esos hombres y mujeres, se necesitan hoy sacerdotes según el corazón de Jesús para mostrar al mundo el amor del Padre Dios, a la manera del Buen Pastor.

 

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