Buscando una salida

27 Enero   392   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

El canciller chileno, Roberto Ampuero, describió con mucha precisión el estado de cosas en Venezuela. Se trata, dijo, de “una situación inédita”.
Eso es, exactamente lo sucedido a partir del miércoles 23 de enero. No hay precedentes, en el mundo entero, de que simultáneamente dos presidentes proclamen su legitimidad a poca distancia uno de otro. Y, junto con ellos, haya dos parlamentos y dos poderes judiciales (incluyendo uno en el exilio). En España, a fines de la década de 1930, había dos gobiernos, pero estaban en guerra. que es lo que se teme pero no ha ocurrido en Venezuela.
Tampoco tiene precedentes que un bando tenga el apoyo explícito de las fuerzas armadas mientras que el otro carece de toda capacidad de fuego. Por esta disparidad resulta aun más novedoso que la fuerza principal de los rebeldes sea el apoyo internacional. No es menor ya que incluye a Estados Unidos, el Grupo de Lima y, con reticencias, la Unión Europea.
No hay duda de que se trata de una situación inédita. Y ello, lógicamente, obliga a buscar soluciones que eviten un baño de sangre. En este sentido, la mejor posibilidad de todas es siempre la mediación de una personalidad mundial, un país neutral o una organización internacional. La rapidez con que se alinearon las fuerzas luego de que Juan Guaidó jurara ante una multitud que iba a asumir el poder, hace más complicado la búsqueda de un mediador. El reconocimiento de Donald Trump fue vertiginoso. En otros tiempos habría sido un gesto inútil si no lo acompañaba un despliegue militar. Es, obviamente, la razón por la cual se teme que la situación termine en un sangriento enfrentamiento.
Igualmente fue inédita la velocidad con la cual reaccionaron los países del Grupo de Lima, incluyendo Chile. Su reconocimiento al gobierno de Guaidó podría quedar reducido a un simple “saludo a la bandera”. Y, por lo menos en el caso de Chile, le quita cualquier posibilidad de intervenir como negociador.
La decisión del Presidente Piñera rompe con una larga tradición diplomática. Es cierto que nunca antes nuestro continente se vio frente a una situación similar: un gobierno que inicialmente triunfó en las urnas, pero que más tarde usurpó los restantes poderes democráticos, hasta derivar en una dictadura personalista. Lo peor en este caso, es el rotundo fracaso económico. No hay precedentes de un país que sobreviva mucho tiempo con un desabastecimiento brutal y una inflación proyectada mucho más allá del millón por ciento anual.
La mejor ayuda que Chile podía hacer a la causa democrática habría sido ofrecerse para mediar entre los bandos en pugna. El impulsivo reconocimiento del gobierno de PIñera a Juan Guaidó, cerró a nuestra diplomacia a un papel que nos podría enorgullecer. Ahora, por lo que parece, la mejor posibilidad sería una mediación del Vaticano.
El personaje clave sería, en ese cao, el actual Secretario de Estado del Papa Francisco, el cardenal Pietro Parolin. El Papa Benedicto XVI lo nombró Nuncio en Caracas en agosto de 2009. Estuvo en Venezuela hasta agosto de 2013 cuando fue designado Secretario de Estado. Con una extensa carrera diplomática, es el segundo Secretario de Estado más joven después del cardenal Eugenio Pacelli, luego Papa Pío XII.
Podría ser la mejor salida para esta insólita situación.