Cambiar el foco

24 Marzo 2018   850   Opinión   Diego Benavente M.
Columnista Diario El Centro Diego Benavente M.
Diego Benavente M.

Ingeniero civil, U. de Concepción

En reciente reunión invitados a pensar sin agenda sobre el devenir de La Araucanía, uno de los invitados Desiderio Millanao destacó la oportunidad que representa el inicio de una nueva administración, para poder responder con creatividad al cómo se puede apear la región en pos de acciones que realmente impacten su desarrollo. El momento representa, según él, una posibilidad de poder configurar un diseño nuevo, que fije la atención en las personas, para comprometerlas en la solución y para que se creen condiciones para que dichos compromisos se puedan llevar a cabo. 

La gente es rica en creatividad latente, solo hay que crear las instancias para que la despierten, de ahí, el estímulo porque la creatividad activa el poder de imaginar, la condición que hace posible para que aparezca la visión, “para saber, donde va la micro”.
El desafío consistirá en ver cómo las acciones que se emprenden se compatibilizan con una mirada de futuro a partir de los esfuerzos para que el patrón cultural mapuche interactúe con el patrón occidental y, en esa condición, aparezca algo nuevo, y eso diferente, constituya un valor distinto, que tenga la capacidad de satisfacer necesidades del medio. De ocurrir así, el conjunto de la sociedad va a poder evidenciar las ventajas y los saberes, de ser parte de una diversidad cultural.
En gran medida esto significa cambiar el foco de cómo se ha venido interviniendo como sociedad nacional y regional en La Araucanía, con los resultados por todos conocidos. Por ejemplo, la orientación de los recursos asignados a tierras son considerados un gasto en el marco de lo público y del país, debiendo ser más bien una inversión. Se puede cambiar la mirada desde el subsidio a incentivos para el desarrollo autónomo responsable con énfasis en emprendimiento productivo.
Se debe cambiar el paternalismo y asistencialismo con que ha operado la política pública, en los temas de apoyo, que por el modo de cómo actúan, ha incidido en una actitud clientelista que ha obstaculizado el desarrollo de competencias que permitan movilizar los talentos.
Si, las aptitudes de las personas no son consideradas. Los recursos –cualquiera que sean–se van a usar en el paradigma de que “a todos, les toque algo” y, como en ocasiones anteriores, bajo el velo de una inversión que, al no estar sujeta a estándares de gestión, seguimiento y resultados, los recursos solo se habrán gastado, se habrán diluido, sin haber contribuido al objetivo, con las consecuencias que se observan por ejemplo en el destino de los recursos para compra de tierras indígenas.
El momento que vive La Araucanía, como lo expresa Millanao, se puede caracterizar, como un estado de circunstancias, que la tensionan y la afectan. En la medida que el tiempo ha ido pasando, ha comenzado a incidir en el comportamiento de las personas, haciéndolas presas de sus dificultades.
El valor de la actitud, es lo que hace posible la esperanza, aquel estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. En esto, el verdadero desafío, en La Araucanía, debe ser una apuesta al protagonismo de sus habitantes, el esfuerzo en el diseño, para que una iniciativa que pueda crear las condiciones para que sus habitantes puedan encontrar el derrotero, que les otorgue sentido para vivir en la Región y, donde, las dificultades se atienden a medida que se van logrando los propósitos.