Cara y sello

29 Marzo 2018   1175   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Dos situaciones con relativas similitudes en el papel en escenarios distintos y con personas diferentes: un ex candidato presidencial y también ex diputado, concurriendo a un conversatorio con estudiantes en la Universidad Arturo Prat de Iquique y, por otra parte, la visita a una feria libre de la comuna de Curicó de un parlamentario en ejercicio. Los asistentes y presentes en ambas actividades comparten un sentimiento parecido: molestia ante los comportamientos de estos políticos, unos por el supuesto discurso de odio de José Antonio Kast, y los otros por el apoyo a la demanda marítima de Bolivia por parte de Raúl Alarcón.

¿Diferencias? Mientras, en el norte del país, los “estudiantes” agreden de manera verbal y física a Kast, en Curicó los feriantes, personas de esfuerzo y trabajo, gritan moderamente y concurren hasta el lugar donde se encontraba Alarcón y su equipo parlamentario, para contarles de su rechazo a las declaraciones esgrimidas por el músico, quien ha planteado en distintos espacios, y por cierto muy vagamente, su compromiso para con las aspiraciones bolivianas lideradas por Evo Morales en La Haya.
En Iquique, los primeros personajes atacan de manera desaforada al otrora aspirante a La Moneda, lo acusan de fascista, de misógino y lo atacan en masa, cual horda bárbara. En sus almas hay un odio y resentimiento infundado, se denota un desprecio por los valores de la tolerancia y el respeto, esenciales para la convivencia en una casa de estudios. En Kast, ven lo peor de Chile, esa oscura y siniestra cara de la derecha chilena, según dicen. Hasta incluso no dudan en vincularlo con el nazismo.
Atrás quedan los manuales que de seguro no leyeron, el espíritu libre y la convicción por la valía de las diferencias de opiniones, y de todo lo bueno que ello puede generar para un sano clima cívico. Kast es un personaje odiado por ellos, y cómo no, si él se encarga de promover y defender ciertos valores y principios que son diametralmente opuestos a sus concepciones de cómo entienden la sociedad, y bueno, si por argumentos no son aptos para confrontarlo en un foro universitario, el camino trazado es el de la funa, el de repeler físicamente y en evidente mayoría al hombre en cuestión.
Muy por el contrario, en la capital de las tortas, los comerciantes fustigan a “Florcita Motuda” por sus desafortunadas expresiones, y si bien es cierto hay una u otra manifestación más subida de tono, la confrontación viene desde las ideas, acercándose varios de ellos para contarle e informar al diputado de la existencia de un Tratado Internacional en la materia, y de un par de argumentos históricos, por los que le señalan, Chile no se encontraría obligado a negociar sobre temas limítrofes.
En ningún minuto, golpean a este peculiar congresista, están molestos con él como la inmensa mayoría de compatriotas, pero en ningún caso osarían en agredirlo. Quizá, la mayoría de ellos no pudo concurrir por temas económicos a la universidad, y hoy paradójicamente, se ven compelidos a través del pago de sus impuestos a aportar en el financiamiento de la educación de estos nobles dirigentes y estudiantes de la Universidad nortina.
El cara y sello del respeto, la tolerancia y la educación, que vuelven a poner a la luz a aquellos elementos inherentes a la persona humana. Vea usted con quiénes se queda.