Celular en los niños

17 Marzo   351   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

La era digital que vivimos, ofrece magníficas oportunidades y acrecienta de manera sorprendente el acceso al conocimiento. Internet y el conjunto de las redes sociales, permiten fascinarse mediante la comunicación expedita, la que conecta al instante todos los puntos del orbe.
Hay sitios y plataformas que, para las disciplinas y estudios, resultan indispensables, porque les abren al espacio y al tiempo. Muchas obras y documentos, ya sea históricos, de la literatura o de las ciencias, que hasta hace poco estaban al alcance de un reducido número de personas, ahora lo disfrutan millones de internautas. La misma educación, por eso, recurre a las tecnologías de la información, para dar dinamismo a sus métodos didácticos.
El celular es uno de los instrumentos de comunicación que revoluciona los hábitos sociales, comerciales, familiares y culturales. El pequeño aparato, ya no solo es un teléfono por el que se puede uno comunicar. Ahora, el celular –cada vez con modelos más sofisticadísimos-, es un utensilio que porta herramientas muy complejas. Es una miniatura de computador, con virtualidades de conexión admirables y pantallas que embrujan al usuario. Ahora bien, es imposible que el que utiliza al sofisticado celular pueda dar funcionalidad íntegra a las múltiples alternativas que posee.
Nos encontramos, pues, con una tecnología que avanza y cambia velozmente, ante la cual, las generaciones mayores, van quedando fuera…
Sorprende, sin embargo, cómo los niños desde muy temprano están ya situados en la era digital, con sus códigos y modos de funcionar. En muchas ocasiones, hay que recurrir a la niña o niño de la casa o al adolescente, para que nos solucione una dificultad... Es que ellos ya están en esa era.
Pero, aunque lo estén, los padres y educadores, no deben ignorar que la tecnología de los celulares e internet no es aséptica. Cuando un niño o una niña tiene en sus manos un aparato actual, tiene para sí, todas las posibilidades de recreación y conocimiento, sí. Pero también, esos niños son los más vulnerables a todos los imaginados peligros –siniestros y premeditados-, que tiene la red.
Esto plantea una pregunta fundamental: ¿están los padres y educadores conectados y vinculados afectivamente a los niños y niñas, en la confianza, cuando se les estrega a ellos el celular? ¿Cómo los acompañamos? ¿O se les entrega sin discernimiento y así los exponen? Son los desafíos de la nueva era.