Lunes, 24 de Septiembre de 2018
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Opinión

Ciencia, lejos de regiones

Diego Benavente M.

Ingeniero civil, U. de Concepción

Al apreciar un cuadro del trabajo  “Estadísticas de Ciencia, Tecnología e Industria 2015: Innovación para el crecimiento y la sociedad”, sobre el gasto en I+D en los países de la OCDE, organización ante la cual nos gusta tanto mirarnos y medirnos, Chile queda súper mal. Es nada menos que el último país en la lista con cerca del 0,3% del PIB y donde Israel es el que la lleva con alrededor del 4,2% del PIB, siendo el promedio de los países de la OCDE algo menos que el 2,5% del PIB. Incluso México y Argentina nos sobrepasan con porcentajes cercanos o superiores al 0,5 % del PIB.

Gran parte de lo que se invierte en la mayoría de los países es en base a sociedades mercantiles, lo cual en nuestro país es prácticamente inexistente, según las cifras entregadas. Aquí los que encabezan el ranking son Israel, Korea, Japón y Finlandia. Sin duda son ejemplos a seguir y se hace necesario implementar políticas públicas que generen incentivos para que el mundo privado, de una vez por todas se tire a la piscina y entienda la urgente necesidad de invertir en estos temas, ya no de futuro, sino de un necesario presente.

Para qué decir lo que pasa en regiones, es paupérrimo, salvo las iniciativas prácticamente personales que encabezan el físico Claudio Bunster con el Centro de Estudios Científicos CEC’s en Valdivia y el premio nacional de Ciencias, Ramón Latorre con el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso CINV, el resto no existe.

En las demás regiones, salvo honrosas excepciones, penan los recursos y los científicos al alero de universidades o institutos, hacen maravillas con tres chauchas.

Una de las razones como lo expresa Ramón Latorre, en una revista de negocios, es que “en cualquier provincia de este país es extremadamente difícil. Las grandes discusiones ocurren en Santiago. En Chile tenemos un problema horrible de centralización y, si no terminamos con eso, este país no va a surgir.”

Por otro lado, si uno analiza el importante rol del mundo privado empresarial frente a esto, en base a lo expresado por el Ministro Secretario General de la Presidencia, Nicolás Eyzaguirre, cuando en entrevista en la misma revista, dice que hay “una cierta tendencia al rentismo que nos acompaña desde la Colonia. Y es una gran concentración de la propiedad, aglomerada en ciertos nichos de mercado que están relativamente protegidos. Cuando vives en países desarrollados, el crecimiento está basado en la lógica de la productividad, de la innovación, no en la lógica de agarrarte un coto de caza y vivir cómodamente con ese coto de caza”.

 En esto Eyzaguirre, da precisamente en el clavo, ya que quienes debieran llevar el pandero y la delantera en esto, en lugar de financiar investigaciones para el desarrollo de nuevas oportunidades de tecnologías, con mayor valor agregado, que aprovechen nuestras potencialidades regionales, prefieren la comodidad del “rentismo” como lo denomina el ministro.

En esto, no es necesario inventar la pólvora, basta mirar lo que hacen empresarios innovadores de otros países, como por ejemplo el gran amigo de Douglas Tompkins, Yvon Chouinard, dueño de Patagonia, la marca de ropa para deportes extremos, en reciente entrevista.

Al mencionar el próximo gran objetivo de la empresa, dice: “Ahora estamos construyendo Provisiones Patagonia, un negocio de comida. Básicamente granos. Llegó la hora de dejar de comer tanta carne. Sí o sí vamos a tener que empezar con una dieta de granos. Así es que estamos investigando cuáles. Hay un cálculo: en los próximos 34 años, vamos a necesitar 50% más de comida y, para entonces, ya habremos destruido el 50% de las primeras capas de suelo de nuestro planeta”. De la ropa extrema a la alimentación sana, eso sí que es atreverse a innovar, pero investigando para tener base.

 

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