Ciencia y religión II

26 Abril 2018   1110   Opinión   Jorge Navarrete Bustamante
Columnista Diario El Centro Jorge Navarrete Bustamante
Jorge Navarrete Bustamante

Académico U. de Talca

En la columna pasada tal incompatibilidad generó interés en algunos lectores maulinos, lo que es muy respetable.
En este sano intercambio de ideas, o de caminares, determinar quién es más tolerante, o quién es más o menos radical en la defensa de sus convicciones, es irrelevante. O elucubrar sobre el ceremonial religioso impuesto por su familia a un reconocido científico ateo es también irrelevante para el asunto de fondo en éstas columnas. Es necesario, sin embargo, plantear ahora algunas referencia enfocadas en la frase aludida -en la semana- por un amigo lector que aseveró, “la teología es una ciencia”.
Sobre tal frase, “la teología es una ciencia”, sólo enfatizar que no se trata de una cuestión emocional acerca de la carencia o presencia de sentimientos religiosos en defensores y adversarios. Tampoco es un intercambio de ideas entre creyentes y no creyentes más allá que uno legítimamente lo sea, o no lo sea. No.
Ergo, existen fundamentos no ideológicos para respaldar que la Teología no es una ciencia. Así, más allá de los enfoques verificacionistas y falsacionistas, con disímiles niveles de sofisticación que abrieron paso hace 50 años a ideas menos positivistas, es más fecundo centrarse en las metodologías concretas y efectivas de quienes generan y desarrollan teorías científicas porque son los que precisamente aportan criterios para evaluar las disciplinas teóricas desde el punto de vista de su cientificidad.
Fundado en ello, existen sólidos fundamentos para no considerar a la Teología como una ciencia. En primer lugar, la Teología tiene que demostrar la existencia de su objeto de estudio. Asimismo, la Teología en contraste con la ciencia, acepta la existencia de “fuentes especiales de conocimiento” como la revelación, obviamente insostenibles porque glorifican hasta la categoría de demostración, lo que no es más que la quintaesencia de un sofisma de autoridad. Todo esto hace que la instalación forzada de la Teología entre las ciencias no resista un mínimo examen teórico.
Pero hay algo más elocuente: La ciencia busca la verdad. Cierto, toda ciencia tiene presupuestos, empero los científicos verdaderos están dispuestos a renunciar a ellos si la evidencia en contra, reiterada y repetible, así lo aconseja. Y éste es el sello del investigador genuino que, en cualquier ámbito, respeta la verdad, por la argumentación y por la crítica racional, tanto en ciencias “duras” como en las ciencias humanas y sociales, incluida la filosofía.
La Teología no pertenece a este grupo.
La genuina búsqueda de la Verdad, esencia de las ciencias, la coloca al final del camino; es el punto de llegada. Para la Teología, en cambio, la Verdad está al principio; es una Verdad que obliga a buscar justificaciones para apuntalar lo que de todas formas se cree con razones, o sin ellas. No, la Teología no es una ciencia, ni natural, ni humana, ni social.
“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”… “A la Ciencia lo que es la Verdad Buscada, y a la Teología lo que es el dogma”.