Sábado, 17 de Noviembre de 2018
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Opinión

Claves para las aulas del futuro

Trinidad Lacámara Beltramín

Gerente de Ciudadanía Corporativa Samsung Chile

En los últimos años la modalidad colaborativa ha sido una de las que ha entrado con más fuerza en las salas de clases. Es que los beneficios que se desprenden de su implementación van desde actuar como un agente integrador, hasta fomentar el desarrollo comunicacional y social de los menores.
En ese contexto, la tecnología está teniendo un rol preponderante para fomentar la colaboración y romper las barreras del tiempo y el espacio. Gracias a su llegada a las aulas, por ejemplo, los estudiantes pueden interactuar con menores de otras latitudes y empaparse de sus culturas. Además, tal como señalan estudios de la Agencia de Calidad de la Educación, otra de las consecuencias de la incorporación tecnológica es la reducción de brecha en el acceso de información y conocimiento, haciendo de la tenencia de dispositivos, apps y programas digitales un camino hacia a la equidad.
A pesar de los beneficios que representa para las nuevas generaciones, la incorporación tecnológica también implica un cambio trascendental en la mentalidad de los docentes, que ven en el alumnado una transformación profunda a la hora de consumir contenido. Esta evolución ha permitido pasar de clases que se desarrollaban de un modelo “oratorio” a otro, donde lo gráfico e instantáneo priman, generando, en algunas ocasiones, un choque de cosmovisiones donde la postura de “nativos digitales” puede enfrentarse con la postura análoga de la docencia clásica.
Y, justamente, eso es lo que hemos buscado hacer por medio de nuestro programa “Smart School” en diferentes colegios y escuelas rurales de Chile donde es posible ver cómo, a través de la tecnología, se complementan las diferentes asignaturas y el profesor toma un rol de guía, acompañante y estimulador del aprendizaje con herramientas nativas y lúdicas, permitiendo al alumnos desplegar habilidades enormemente necesarias para la era de la digitalización.
En el nuevo contexto digital, donde los alumnos están rodeados de los estímulos e información, el mayor desafío para el sistema escolar se encuentra en la adaptación, reconociendo las diferencias en los intereses del alumnado y potenciando las habilidades de los jóvenes de esta nueva era.
La invitación es clara: es indispensable subirnos −como país− al carro de la digitalización educativa. De lo contrario, no sólo estaremos frente a la posibilidad de tener a alumnos desencantados, sino también corremos el riesgo de cortar las alas a una generación, y así perder la ventana de oportunidad para convertirnos en una nación desarrollada.

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