Con un corazón dividido no se puede servir a Dios

06 Octubre a las 09:00   455   Opinión   SERGIO RODRIGUEZ VARELA
Columnista Diario El Centro SERGIO RODRIGUEZ VARELA
SERGIO RODRIGUEZ VARELA

Consejo de Pastores.

En la actualidad, el materialismo reinante, es una de las herramientas favoritas de Satanás para desviar la atención de los creyentes y restarlos de la congregación, especialmente, en los días en que como iglesia debieran estar todos reunidos para adorar al altísimo, Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, nuestro salvador. Lo anterior viene a explicar una de las razones del porqué de la mediocridad en el cristianismo visible, y esta es el amor al dinero y el materialismo.


Cuando se tiene el corazón más enfocado en el materialismo que en las cosas de Dios, entonces no podemos decir que amamos a Dios por sobre todas las cosas. Entiendo que, en la actualidad, existen ocupaciones como el de las instituciones y otras que hacen imposible en este tiempo de evadir las responsabilidades y obligaciones de algunos hermanos. No obstante, existen otros que sin tener la obligación de trabajar en días domingos y festivos, pero por el solo deseo de obtener unas monedas más, dejan de lado su compromiso con Dios. Quienes lo hacen, no pueden decir que confían plenamente en Dios, ellos olvidan que Él es proveedor de quienes verdaderamente confían en su poder. “Jehová es mi Pastor, nada me faltara” (salmo 23).


Con respecto a lo anterior, las enseñanzas de Cristo son severas, directas e inequívocas. Él nos advierte sobre el amor al dinero y a las posesiones. En el sermón del monte, nuestro Señor y Salvador, lo resume así: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mat. 6:24). El dinero en si no es malo, pero cuando se busca la forma del cómo obtener más y más, entonces, como dijo un viejo predicador “el dinero se convierte en el mayor enemigo del Señor… No es solo el papel, o un trozo de metal o plástico, sino que para el que lo posee, se convierte en el objeto de su confianza”. Y para el creyente que descuida su fe por ganar más dinero, lentamente se aleja de su salvador. Quiero resaltar que Jesús no condena el hecho de ser rico, sino el amar más a las riquezas que a Dios. Cuando nuestra atención está primeramente en el dinero, entonces, Dios pasa a un segundo plano y dejamos de congregarnos. Mis estimados, la raíz de todos los males es el amor al dinero (1 Timoteo 6:10).


Nuestro Señor, nos llama a confiar en Dios para las necesidades cotidianas de la vida. “Por tanto os digo: No os angustiéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir”. Para lo cual nos da dos simples ejemplos: 1) las aves que sin sembrar ni cosechar, son alimentadas por nuestro padre; 2) Luego nos pone el ejemplo de la belleza de los lirios del campo, los cuales no tejen ni hilan, no obstante, se visten mejor que el rey Salomón (Mateo 6:24-32). En ambos ejemplos nos llama a reflexionar en nuestro valor. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?


Sí mis estimados, para Dios tenemos un valor inigualable, es tanto, este valor, que su propio Hijo dio su vida misma por rescatar a todos los que en Él creen de la condenación al infierno. Mis estimados hermanos en la fe, dejemos la mediocridad si decimos creer y amarle a Él, entonces, volquémonos a nuestras casas de oración, en adoración al que vive por siempre, al altísimo Dios. Amén.