Conducta aberrante

04 Agosto   415   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

La investigación a Renato Poblete realizada por el abogado Waldo Bown fue comunicada a la opinión pública por Cristián del Campo, provincial de la Compañía de Jesús. Las víctimas ven así desenmascarada la doble personalidad y perversión del religioso. La figura pública -incluso para la propia comunidad jesuítica-, era la de un sacerdote entregado a la causa de la solidaridad, mediante la convocatoria de amplios círculos de poder, a los que motivó para colaborar con el Hogar de Cristo, obra fundada por san Alberto Hurtado. 

 

Sin embargo, ahora queda de manifiesto, que el hombre público fue mera fachada... Oculto y valiéndose de la singular posición suya de privilegio, de fama, por el ministerio sagrado, las influencias, los ingentes recursos destinados para los pobres, llevó adelante una conducta siniestra y abusiva. Por casi 50 años, y en forma sistemática, vejó a mujeres, incluso a cuatro menores de edad, las que, por temor y -al quedar apresadas por influjo de él-, sufrieron el horror de la esclavitud de conciencia y del abuso sexual, anuladores de la personalidad.


¡Negación misma de lo que está llamado a ser el sacerdote de Cristo, como servidor de la dignidad inviolable de los hijos de Dios!


La ciudadanía está horrorizada. Conmovida, padece el abatimiento de una afrenta canallesca. Creyentes y no creyentes comparten el dolor de las víctimas y solidarizan con ellas. Saben y sienten que se trata para esas mujeres, de heridas profundas e imborrables. Por eso, las medidas de reparación se imponen.


El malestar que producen los hechos constatados, suscita preguntas. La Compañía de Jesús está en reflexión por este y otros tristes casos. Igualmente, la Iglesia en Chile, afronta graves situaciones que continúan conociéndose, las que vuelven a poner en cuestión el estilo de ejercer la autoridad. Con ello, es necesaria la renovación íntegra del clero al servicio del pueblo de Dios. En todo caso, los delitos deben ser investigados por tribunales, juzgados y sancionados.


Pero la perversión de Poblete, desvela a la sociedad chilena algo más delicado. Podríamos estar en presencia de otras ruines fachadas, si el país en los dirigentes políticos, sociales, económicos, culturales y religiosos, tiene hoy a personalidades dobles y abusivas, cuyos privilegios no van orientados el bien de la justicia, la solidaridad y la dignidad de los pobres. Estaríamos ante fuerzas obscuras, que, revestidas de bien, subyugan e injurian, explotan y ofenden.


La conducta aberrante de Renato Poblete, revelaría otros modos ocultos que erosionarían los cimientos de nuestra convivencia nacional y religiosa.