Sábado, 22 de Septiembre de 2018
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Opinión

Confesiones de San Agustín

Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

San Agustín de Hipona (354-430), es uno de los grandes clásicos cuyas “Confesiones” constituyen una de las joyas indiscutidas del pensamiento, la cultura y saber de la humanidad. Es caracterizado como “genio de Europa”, por el encuentro que se produce en él de la tradición antigua greco-romana y la tradición cristiana.
Julián Marías ve en San Agustín el paso del pensamiento filosófico helénico al pensamiento cristiano: “Es el primer gran filósofo cristiano”, dice. Pues con él no se está ya ante el problema del cambio en la naturaleza eterna de los griegos; por el contrario, en Agustín lo real está amenazado por la nada... El mundo es creatura, ser recibido, distinto de Dios, que es el Sumo Ser. En este horizonte, dice Marías, se puede entender la pregunta formulada por Leibniz, después por Unamuno y en tercer lugar por Heidegger: ¿Por qué hay ser y no más bien la nada?
La vigencia de Agustín y de su obra “Confesiones” es manifiesta. A lo largo de más de 1600 años de historia este texto original en su concepción y estructura, escrito alrededor del 400 de la era cristiana, ha sido fuente de innumerables lecturas en contextos históricos diferentes. Generaciones de hombres y mujeres de épocas diversas, han encontrado estímulo para pensar la existencia humana, a tal punto que, en esta obra, Agustín, en cierto modo ha sido entendido como quien representa la búsqueda del hombre mismo.
Grandes pensadores después de Agustín no han prescindido “Confesiones”. Durante la Edad Media, Petrarca encontró en Agustín un intérprete de sí mismo; fue la autoridad obligada y normativa para el saber en los monasterios y universidades; Tomás de Aquino y Buenaventura no dejan de incorporarlo genialmente a sus reflexiones, el primero, marcando un acento distinto y, el segundo, prolongando su herencia. Y Alejandro de Hales, fundador de la Escuela Franciscana del siglo XIII, recibió una decisiva influencia suya.
Teresa de Ávila, hizo lectura de “Confesiones” entre lágrimas, y recibió así impulso del testimonio y pensamiento de Agustín. Según Busquets, en el reformador Lutero se halla un “agustinismo desviado”.
Finalmente, la tradición católica reconoce no sólo al primer filósofo y teólogo latino de mayor aliento de la patrística, sino que, a lo largo de la historia, también círculos, ambientes, e investigadores de otras tradiciones religiosas y culturales le han dedicado estudios, nutriendo así la reflexión y el pensamiento hasta el presente.

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