Consecuencias del desempleo

10 Junio 2018   2445   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

El desempleo es un drama complejo que las cifras de encuestas no logran registrar. Hay explicaciones estructurales sobre el fenómeno, por necesidades de la empresa o a causa de los vaivenes del mercado… No obstante, para el que vive la cesantía, desempleado, no encuentra justificación a su impotencia.
La ausencia de puestos de trabajo en la construcción o en las labores del campo, deja a muchísimos hogares desprovistos para cubrir las necesidades básicas. Por lo demás, la cesantía golpea, por desgracia, a todos los estratos: también a los profesionales jóvenes, directivos y gerentes.
Ahora bien, ¿cuáles son las consecuencias del desempleo?
El desempleo hiere al núcleo de la persona, sus vinculaciones y a la sociedad entera. Así pues, la primera consecuencia, es que socava la libertad. Sin trabajo, no se cuenta con el salario o la renta. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo se logra sostener a la familia? ¿Qué oportunidades existen para ocuparse? Si solo hay puertas cerradas, la persona pierde lo más propio: la autonomía y disposición. El cesante deambula como zombi, vive a merced de las asistencias, las que limitan su capacidad de decidir y realizar...
La segunda consecuencia es la pérdida de la creatividad. Hace poco conversaba con alguien de gran experticia en su oficio, que lleva ya meses buscando trabajo. Me decía: “me siento mal en casa, me escondo, no tengo qué hacer…”. Es que carecer del trabajo anula una dimensión humana esencial: el trabajo personaliza y desarrolla, en la obra el hombre o mujer imprime su huella, y manifiesta su aporte, dignidad y autoría. Por eso el trabajo es fuente de gozo.
Pero la persona desempleada experimenta deterioro en las vinculaciones familiares y sociales; camina cabizbaja, sin ilusión, al no ver perspectivas de futuro. Padece angustia. Puede tener capacidades y competencias. Pero lo grave es carecer de un lugar y valoración para el trabajo. Su situación le hace sentir que sobra en la sociedad… En tal caso, la desesperación arruina el ánimo. El desempleado sufre, por eso, daños en lo psicológico, moral y espiritual.
A las urgentes y necesarias políticas públicas para revertir el desempleo, que todavía hiere a nuestro país, hay que agregar la tarea de cuidar el trabajo propio y agregarle valor; asimismo, es necesario buscar el modo concreto de tender la mano solidaria a los desempleados: con respeto y cariño, con oportunidades y aliento comprometido. Nada fácil.
Pero muchas manos unidas, aliviarán en parte tanta impotencia. Y hará real eso de que “el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social”.