Contra la corriente

23 Septiembre   519   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Tiendo a pensar que nuestro país, sin querer queriendo, toma decisiones que lo ponen en el carril de circulación equivocado, o sea, sin que sea adrede nos movemos contra la corriente.
Hace unos días se informaba que el gobierno alemán ha decidido poner en ejecución un gigantesco programa de combate al Cambio Climático que incluye una serie de medidas tributarias, de política económica y sociales. Para los alemanes, el desastre ecológico inminente y su principal detonante, el calentamiento global, es de una magnitud tal, que todos los sacrificios debieran ser admitidos, por las buenas o no.


Entre las medidas a adoptar figuran, en un lugar prioritario, las tributarias. El gobierno alemán ha decidido gravar, fuertemente, los combustibles que más generan CO2, partiendo por el petróleo y sus derivados, el carbón y otros. A la vez, se ha decidido privilegiar, tributariamente hablando, la inversión en energías “limpias”, especialmente aquellas no tradicionales como la eólica y solar. En ambos casos (gravámenes y exenciones), las tasas son considerables desde la partida (en 2020) y se irán incrementando hasta lograr convertir a Alemania en un país carbono-neutral. Entonces, mientras allá se decide imponer tributos elevados y crecientes al consumo de combustibles, acá intentamos moderar sus alzas a fin de facilitar y proteger su consumo.
Otra de las medidas adoptadas es intentar desalentar el transporte aéreo de pasajeros. La idea es que las personas, al momento de viajar, prefieran hacerlo en trenes e incluso en barcos (en Europa la navegación fluvial es relevante) dado que esos medios generan menor impacto ambiental que el aéreo. Se restringirá la construcción de nuevos aeropuertos, se pondrá mayores tasas de embarque y otras medidas semejantes. Mientras, el lector debe haberse enterado, en Chile bajamos las tasas de embarque aéreo, ampliamos todavía más el principal aeropuerto, y nos enorgullecemos del crecimiento gigantesco del número de pasajeros.


Al mismo tiempo, Alemania reconvertirá algunas de sus conocidas supercarreteras en vías de uso exclusivo para transporte colectivo (buses interurbanos), alzará los cobros de peajes y los impuestos que pagan los automóviles, al tiempo que se reduce los pagados por transporte colectivo. La idea es que cada vez más, los alemanes prefieran buses, trenes o barcos, en vez de autos o aviones. Nosotros, mientras tanto, facilitamos cada vez más el uso de autos mediante tags, portales automáticos y medidas similares.
Es de esperar que las próximas reuniones internacionales que se desarrollarán en nuestro país, y cuyo foco estará puesto, sin duda, en la emergencia climática y ecológica que enfrenta el mundo, sean la ocasión para cambiar de rumbo y comenzar a tomar decisiones y aplicar medidas que vayan en sintonía con lo que otros países, como es el caso de Alemania, ya lo están haciendo. No podemos seguir viviendo y comportándonos como si el Cambio Climático fuera un hecho que ocurre a otros, o sucede lejos de nuestras fronteras. No podemos seguir tomando decisiones que alientan o contribuyen a acelerar el fenómeno. No podemos, en definitiva, seguir nadando en contra de la corriente.