Convierte tu huella empresarial, transforma el futuro

02 Octubre a las 09:00   389   Opinión   Claudia Mora Rojas
Columnista Diario El Centro Claudia Mora Rojas
Claudia Mora Rojas

Directora Junta de Adelanto del Maule

Cuando se especula sobre el cambio climático, efecto invernadero y equilibrio del ecosistema de un territorio, no es posible renunciar al índice de competitividad, el cual se encuentra integrado tanto por factores básicos y avanzados. Entre los primordiales, se encuentran los recursos naturales, el clima y la ubicación, pero al referirse a los factores avanzados se encuentran las comunicaciones, las habilidades de los trabajadores, las tecnologías y la producción limpia, teniendo ambas clasificaciones como determinante de unión, el medio ambiente.


Estos componentes generan ventajas comparativas dominantes, impactando directamente la base de la prosperidad de una nación, el desarrollo sostenible y socioeconómico de un estado, así como es relevante tener presente los efectos que puede ocasionar en el índice del desarrollo humano, como asimismo en el indicador de pobreza energética, cuya correspondencia resulta ser efectiva, entre el progreso de energía de un territorio y los avances en su desarrollo humano, social y económico.
En la nueva corriente sobre la competitividad, no hay conflicto inherente entre política económica y política social. De allí es que el índice de progreso social (SPI), ha venido a complementar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), mediante el fundamento de bienestar, sustentabilidad de los ecosistemas, considerando relevante las emisiones de gases de efecto invernadero, el retiro de agua como porcentaje de los recursos, biodiversidad y hábitat, es así como todas las variables antes mencionadas, comienzan a interrelacionarse frente al reto global que hoy se encuentra vivenciando la humanidad.
La próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2019 (COP25) trata los desafios medioambientales y ODS enmarcados en la toma de conciencia, mediante iniciativas de Constructores de Nuevo Aire y Energía, Energía Distrital, Electromovilidad; a través de intervenciones, asistencias técnicas, seminarios y charlas asociadas al tan necesario desarrollo sostenible.


En la COP25, participan todos los actores del ecosistema; las micro y pequeñas empresas regionales se encuentran principalmente situadas en el estadio de economía de factores, en donde las condiciones de los componentes básicos son de bajo costo, compiten preferentemente en precios y en mercados comerciales. Se hace necesario acercarnos entonces hacia una economía regional centrada en la innovación, en donde las ventajas competitivas se centren en la capacidad para producir productos y servicios innovadores en la frontera de la tecnología mundial, por ser las fuentes dominantes de ventajas competitivas.


Si bien, la economía regional de estas empresas se concentra en la producción y servicios de externalización, aun se prestan servicios a clientes de fabricantes extranjeros. Se ha visualizado fuerte inversión en infraestructura y mayor eficiencia en los procesos de producción modernos, aunque la automatización, no ha llegado al peak regional, las empresas han extendido sus capacidades en la cadena de valor de manera más amplia, considerando que hoy en día se tiene mayor acceso a tecnología con licenciamiento, innovación y desarrollo, destacando que existe capacidades en recursos humanos para seguir desarrollando nuevas tecnologías atingente a las necesidades locales. De esta forma, la pérdida económica y social en las mypes de la región, se puede revertir y convertir, a través del aporte de herramientas que permitan movilizar las competencias de posicionamiento estratégico, de situaciones de desempeño como la formación, consultorías, e investigación, que permitan mejoras en la productividad por ahorro de costos, centrándose en la línea de especialización Energética, por ser uno de los factores más relevantes frente al progreso, prosperidad y competitividad de un territorio, región y país.