Copitos de nieve

29 Abril   414   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

No creo que lo merezcan, pero el mote que se ha impuesto a la llamada “Generación Millenial” intenta describir a este grupo de personas, nacidos entre 1980 y 1999, cuyo rasgo definitorio pareciera ser su bajísima tolerancia a la frustración, su afición al beneficio y su repulsión al sacrificio.

Algo de esto pudo verse hace algunos días, cuando un grupo de manifestantes universitarios, una vez más, hacían furibundas peticiones y exigían mayores beneficios. En particular, la acción pública que llamó poderosamente la atención fue la exigencia proveniente de los estudiantes de Arquitectura de la U. de Chile, los que clamaban por una menor carga académica, que hoy consideran excesiva. Los alumnos en cuestión sostuvieron que el nivel de exigencias académicas que la referida Facultad les asigna es de tal envergadura, que pone en serio riesgo su salud mental.
¿Será tanto así?
Aquellos que hemos tenido el privilegio de cursar, estudiar, algunas carreras universitarias logrando egresar de ellas con éxito, sabemos de la exigencia que ello significa. Del sacrifico que implica, de las largas horas de estudio y las pocas de descanso, la postergación de compromisos familiares, privaciones económicas y demás renuncias, en aras de obtener un grado, un título y la profesión anhelada. Nadie nos dijo que la Universidad sería fácil. Entonces, ¿a qué se debe la polémica petición de hace unos días? ¿Será que a estos jóvenes nadie les dijo que la educación superior conlleva exigencias superiores? ¿Será, acaso, aquello de exigir todos los derechos y no reconocer ninguno de los deberes, que tan de moda se ha puesto estos últimos años?
Nuestro país ha pasado, en unas cuantas décadas, de tener una educación superior con un par de cientos de miles de estudiantes, al casi millón y medio de alumnos de la actualidad. Y la pregunta, válida pero incómoda, es: ¿todos quienes han llegado hoy a esas aulas, poseen los requisitos necesarios? ¿No será que en el loable intento de hacer de la universidad un espacio más inclusivo, ingresan jóvenes sin lo necesario para responder a las exigencias que implica la formación profesional?
Por otra parte, si se concibe la educación, en todas sus etapas, como un continuo proceso de formación y preparación para la vida en sociedad, ¿no debiera preparárseles, con toda la rigurosidad que sea necesaria, para enfrentar las exigencias que esa vida en sociedad les pondrá? Los futuros médicos, profesores, ingenieros, abogados y, por cierto, arquitectos, habrán de responder en su vida profesional a exigencias mucho más duras y apremiantes que las académicas. Estos jóvenes debieran saber que la universidad es, entonces, nada más que el preámbulo de una vida profesional mucho más demandante.
Por último, no podemos olvidar el entorno social, que requiere de la universidad la formación rigurosa de profesionales suficientemente preparados para responder a las múltiples exigencias de la vida moderna.
* Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.