Crisis político-militar en Uruguay

06 Abril   2381   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

En Uruguay, su presidente Tabaré Vázquez, descabezó la jefatura del Ministerio de Defensa y la del Ejército, esto es, a su propio ministro de defensa y al comandante en jefe del Ejército, al igual que a generales que conformaron un tribunal militar.
El descabezamiento por la reciente revelación de actas del tribunal militar del año pasado y en el que se da cuenta de la desaparición de la nuera del poeta argentino, Juan Gelman, estando embarazada, y de un tupamaro, Roberto Gomensoro, que fue arrojado al río Negro localizado en la zona centro del país. En este último caso, ante el tribunal militar, el teniente coronel José Gavazzo, declaró que “yo lo cargué solo, yo manejé el vehículo, lo llevé al lugar, lo bajé, lo puse en un bote, lo tiré del bote. Yo solo”. Cabe destacar que, por este asesinato, el coronel Juan Carlos Gomez, se había autoinculpado, razón por la cual fue encarcelado por 3 años. Finalmente, en 2013, fue declarado inocente.
Ambas confesiones de un coronel y un teniente coronel son inéditas en Uruguay y a nivel latinoamericano, rompiendo un mafioso pacto de silencio que ha perdurado por más de dos décadas. Confesiones que dan cuenta de delitos de lesa humanidad cometidas en tiempos de dictadura y que se encuentran contenidas en actas que fueron reveladas hace menos de una semana.
Los generales que integraron el tribunal militar, y que tomaron conocimiento de las confesiones, consideraron que los hechos no constituían una afrenta al honor militar. El presidente uruguayo, al tomar conocimiento de ello resolvió destituir a estos generales, uno de ellos, comandante en jefe del Ejército recientemente nominado por el mismo presidente.
Cabe destacar que el anterior comandante en jefe del Ejército uruguayo, Guido Manini, muy recientemente también había sido destituido en forma fulminante por opiniones vertidas en torno a la reforma de las pensiones militares y a los enjuiciamientos a militares por violaciones a los derechos humanos por parte de los tribunales de justicia.
Todo ello ocurre en un año electoral, con los partidos tradicionales –colorado y nacional- y el Frente Amplio preparándose para unas elecciones presidenciales marcadas por la incertidumbre. Para las próximas primarias presidenciales, en el Frente Amplio se está abriendo espacio a una nueva generación; en el partido colorado asoma la precandidatura de quien fuera el primer presidente de la transición hacia la democracia, José María Sanguinetti; en el partido nacional, Lacalle Pou está siendo desafiado por Sartori, un joven y excéntrico millonario, novato en el mundo político. Frente a ellos irrumpe, en representación de los nostálgicos de la dictadura, a lo Bolsonaro, el exmilitar Manini, quien sin sacarse su traje militar ya se estaba poniendo el traje político.
Lo expuesto da cuenta de todo lo que falta para tener una democracia de verdad y lo que cuesta sacarse de encima aquello de que “los políticos hacen como que mandan, y los militares como que obedecen”. No solo en Uruguay, en toda América Latina.