Cuba: ¿adiós al comunismo?

23 Julio 2018   1121   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Qué triste debe ser para millones de cubanos tener la certeza de haber perdido casi 60 años de su historia, tratando de alcanzar un paraíso que nunca existió.
Este fin de semana, la Asamblea Nacional del Poder Popular, el parlamento cubano, continuó debatiendo distintos artículos del anteproyecto de nueva Constitución del país. Y en dicho proyecto, esa es la novedad, se excluye el objetivo de “avance hacia la sociedad comunista” que rezaba el texto de 1976.
Con ello, el régimen cubano ha decidido formalmente decir adiós al que fue su principal objetivo por casi seis décadas y, sin decirlo, admite el completo fracaso en su empeño revolucionario. Esto, por cierto, será matizado, más bien disfrazado como siempre se hizo, mediante vacías explicaciones, como las del Presidente de la Asamblea Nacional, quien sostuvo que el cambio “no quiere decir que renunciemos a nuestras ideas, sino que en nuestra visión pensamos en un país socialista, soberano, independiente, próspero y sostenible”.
Lo cierto es, dejando de lado la palabrería inútil, que la elite cubana gobernante se ha dado cuenta que la estafa ya no daba para más. Que el engaño bajo el cual explotaron a su pueblo durante tantos años, prometiéndole un paraíso aquí en la tierra, no podía continuar y que, si pretenden seguir abusando del poder, deben hacer algunos cambios necesarios. Y si esos cambios incluyen negar lo que siempre adoraron, pues, hay que hacerlo. Y eso es lo que acaban de hacer este fin de semana.
A la vez, haciendo cambios, aunque duelan, acaban también de aprobar en el proyecto de nueva Constitución un explícito reconocimiento de la propiedad privada, otro principio largamente estigmatizado, repudiado y demonizado por décadas. Casi tanto como el sistema capitalista, que hace algunos años tuvieron que admitir como única forma de evitar el colapso completo de su paupérrima economía. Así, acaban de reconocer las microempresas, las mismas que habían florecido con ímpetu desesperado cuando admitieron ciertos principios de mercado en algunas áreas de su economía.
Estos cambios constitucionales vienen a sumarse a los que ya se había practicado hace algún tiempo: la autorización a comprar libremente electrodomésticos, alojarse en hoteles, entregar tierras ociosas en usufructo a particulares e, incluso, promover el trabajo por cuenta propia, ampliando la participación del sector privado en 178 actividades que antes estaban vedadas para la iniciativa particular. Y, para dar más impulso a una economía que admite (a regañadientes) principios liberales, la progresiva eliminación de 500.000 puestos de trabajo estatales.
Todo lo anterior, sin embargo, no debe hacer pensar que el régimen totalitario se auto-desmantela. La Constitución sigue contemplando una serie de mecanismos que aseguran férreamente el poder en manos del Partido Comunista, que seguirá siendo la única instancia de participación política en el país y, de esa manera, afianza el gobierno en las manos de quienes lo han retenido por tantos años.
Por eso, mientras reniega de todo aquello que siempre adoró y paulatinamente adora todo aquello que durante décadas repudió, el régimen cubano sigue practicando aquello de “que todo cambie para que todo siga igual”.