Domingo, 23 de Septiembre de 2018
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Opinión

Cuba y EEUU, una amistad interesada.

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

No es que no reconozca la trascendencia de la visita que recientemente efectuó el Presidente Obama a La Habana, porque sin lugar a dudas que fue un hecho histórico. Lo que pasa es que, más allá del plano periodístico, el análisis de dicha visita debiera darse en un nivel más de fondo. La trascendencia de un hecho se debe medir por el contexto en que ocurre, así como por sus consecuencias inmediatas y mediatas.  Y es en eso en lo que la visita deja gusto a poco.

Cuba necesita hoy, cuando todo indica que el apoyo venezolano no será nunca más lo que fue, fortalecer su exiguo comercio internacional, abrirse lo más posible al turismo, sin barrera alguna y, lo más importante, la isla requiere de todos los dólares que le puedan llegar. De donde sea. Incluso de quien era su peor enemigo y el símbolo que encarnaba todos los males.

Por otro lado, se advierte en Obama una suerte de sed insaciable por trascender, por pasar a la historia, no obstante el lugar que ya tiene reservado allí, por tratarse del primer Mandatario negro en un país en que el racismo sigue subyacente. Por eso no le bastaba con restablecer las relaciones diplomáticas. Debía agregar a esa página de la historia una foto que dijera, incuestionablemente, que fue él quien, 88 años después, visitó nuevamente la isla.

Pero es también Raúl Castro quien evidencia con este acercamiento que está pensando en la historia. Es la ineludible aspiración de todos los dictadores: dejar todo zanjado, resuelto, “atado y bien atado”. Por eso pretende ser él, y no el sucesor que venga, quien restaure a plenitud las relaciones internacionales de su país. Que no se diga que los Castro dejaron un tema pendiente e inconcluso.

Hasta aquí, ambos países y sus respectivos gobernantes han mal disimulado los intereses que los mueven a acercarse. La proyección política, el interés económico y las páginas pendientes de la historia han sido su aliciente y su objetivo. Estados Unidos y Cuba han jugado en estos días un enorme y complejo juego de estrategia en que, con cada paso, ambos avanzan en pos de sus propias metas.

El proceso que observamos por estos días, sin embargo, genera algunas preguntas: ¿Hasta donde podrán conjugar, ambos países, sus respectivos intereses? ¿Podrá el régimen cubano resistir las ansias libertarias desatadas por estos días? ¿Logrará mantener, contener y reprimir la marea de anhelos y esperanzas que el pueblo cubano ha guardado por más de medio siglo? A la vez, ¿querrá el gobierno norteamericano sostener, con su dinero, al mismo régimen que tanto criticó? ¿Desechará Estados Unidos la opinión, y los votos, de los miles de cubanos residentes en Florida y otros lugares, que no quieren que esta reciente cercanía sea usada como aval y prueba de blancura por el régimen castrista?

La única amistad que realmente vale la pena, es la basada en el afecto genuino y la afinidad sincera. Y pese a los abrazos y apretones de manos, eso no se ha visto por ahora en esta relación.

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