De la Ruta de la seda al Muro de Trump

14 Enero   531   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Dicen que el mundo está deviniendo hacia una nueva bipolaridad que, necesariamente, ha de llevarnos de vuelta a una Guerra Fría en la cual cambiaría sólo uno de los actores principales.
Así como a mediados del siglo pasado, tras la Segunda Guerra Mundial, el orbe quedó encabezado por sólo dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética, que representaban verdaderos paradigmas de sistemas políticos, económicos y sociales contrapuestos, hoy el panorama internacional nos ofrece, nuevamente, un bipolarismo, sólo que con ciertas diferencias.
Estados Unidos continúa, después de haber quedado como el único competidor en pie tras la Guerra Fría, liderando su propia versión del capitalismo y la democracia liberal. Y la Unión Soviética, por otra parte, desapareció dando lugar al renacer de Rusia, que hoy se esfuerza por alcanzar los niveles de que alguna vez tuvieron los soviéticos, sin lograrlo del todo, pese al empeño de Putin.
Es China la potencia destinada a ser el otro contendor en este emergente bipolarismo. No sólo por su tamaño demográfico, que por sí sólo le hace ser tomada en cuenta, sino por su ingente cantidad y variedad de recursos económicos y, desde hace un par de décadas, el pragmatismo con que se desprendió del lastre ideológico socialista, abrazando elementos del, otrora, mal mirado capitalismo. Hoy China es una potencia económica, militar, científica, tecnológica y crecientemente hegemónica. Y son estos rasgos los que le sientan frente a frente de Estados Unidos.
La reciente pugna comercial entre los gobiernos norteamericano y chino es mucho más que un simple “gallito” entre Donald Trump y Xi Jinping. Por sobre la cuestión arancelaria y comercial, lo que verdaderamente debe ser tenido en cuenta es lo que subyace a las posturas de ambas potencias. Mientras estados Unidos defiende a sus productores y grava con altos aranceles la muy variada producción china que llega a sus puertos, el gigante asiático pugna por el libre comercio, apelando a los principios económicos liberales que antes abominó.
Hoy por hoy, pareciera que Estados Unidos quisiera retrotraerse, refugiarse al interior de sus fronteras volviendo al ciclo aislacionista que, cada tanto, ha llevado a los norteamericanos a preocuparse sólo de sí mismos, alejándose del mundanal ruido exterior. China, por el contrario, un gigante del cual, por siglos, nada sabíamos y todo era un misterio, hoy quiere trasponer sus fronteras, ir mucho más allá de la Gran Muralla y reeditar lo que antaño se conocía como la Ruta de la Seda. Este comportamiento de las dos superpotencias no deja de ser paradojal: mientras el adalid del libre comercio, la libertad y la democracia pugna por construir muros que le protejan y aíslen del exterior, la potencia oriental comunista se afana por construir rutas que le conecten con el mundo, buscando nuevos negocios para sus industriales y oportunidades de inversión para sus capitales.
Mientras uno construye caminos, otro levanta muros. Todo un símbolo.